martes, 16 de junio de 2009

¿Es un mensaje?


Lo que ocurre en Argentina, a menos de 15 días de trascendentales elecciones legislativas es muy preocupante. De acuerdo a la información que manejó El País ayer, hay un veinte por ciento que no sabe por quién votará y, lo que es peor, el cincuenta por ciento de los ciudadanos no sabe qué se vota.

No está al tanto de que lo que está en juego es la renovación de la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio de la Cámara de Senadores. No tiene claro que ello puede significar que el gobierno de Cristina Kirchner pierda la mayoría de la que disfrutaba en ambas cámaras y, si la cosa le ha venido bastante complicada hasta ahora, el futuro la obligará a buscar puentes con la oposición para poder gobernar. Algo que parece resultará muy difícil, dado el temperamento autoritario que han demostrado tanto ella como su marido. Pero lo grave no es cómo deberá encarar sus relaciones el gobierno en caso de una derrota, sino la frialdad y la indiferencia del pueblo frente a esta instancia electoral. Porque el porcentaje de gente que desconoce lo que se vota es tan impactante, que directamente asusta.

En un país como Argentina donde abundan medios de prensa, radio y televisión, opositores y oficialistas, serios y de los otros, ese desconocimiento respondería más a una reacción de hartazgo por el panorama político y sus principales actores, que a carencia de elementos para estar informados. Huele más a la actitud prescindente del que se encuentra entregado y ha perdido interés por el gobierno de su país, del que se siente utilizado o estafado, y está cansado de pasar por las urnas para buscar un cambio que nunca llega. Es un mensaje contra los políticos, sus discursos y sus maniobras.

Ese mismo día (28 de junio) nuestro país tendrá sus elecciones internas o primarias, de donde saldrán los candidatos de cada partido para los comicios de octubre. Queremos creer que los ciudadanos saben qué van a votar, cuál es el motivo de la convocatoria. Y, por sobre todas las cosas, queremos creer que, más allá de simpatías o adhesiones, no hay un juicio tan negativo sobre nuestra clase política.

Sinceramente creemos que no se la merecerían. Y esperamos mantener esta opinión.

Editorial El País (Uruguay)

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