miércoles, 3 de junio de 2009

Los fusilados el 12 de Junio de 1956

Recordando la historia de los desencuentros argentinos.
Los fusilamientos fueron en Unidad Regional de Lanús, en el Regimiento 7 de La Plata y en el Bosque, en Campo de Mayo, en el Regimiento 2 de Palermo y, el general Valle, en el Penal de avenida Las Heras.


General de división Juan José Valle;

Coroneles Ricardo Santiago Ibazeta, Alcibiades Eduardo Cortínez y José Albino Irigoyen;

Teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno;

Capitanes Eloy Luis Caro, Dardo Nestor Cano y Jorge Miguel Costales;

Tenientes 1º Jorge Leopoldo Noriega y Néstor Marcelo Videla; Subteniente Alberto Juan Abadie;

Suboficiales principales Miguel Ángel Paolini y Ernesto Gareca;

Sargentos ayudantes Isauro Costa y Luis Pugnetti;

Sargentos Hugo Eladio Quiroga y Luis Bagnetti;

Cabos Miguel José Rodríguez y Luciano Isaías Rojas;

Ciudadanos Clemente Braulio Ross, Norberto Ross, Osvaldo Alberto Albedro, Dante Hipólito Lugo, Aldo Emir Jofre, Miguel Ángel Mauriño, Rolando Zanetta, Ramón Raúl Videla y Carlos Irigoyen.

Los asesinados en un basural de José León Suárez, Rodríguez, Brion, Carranza, Lizazy Garibotti


JUAN JOSÉ VALLE Y LA REVOLUCIÓN FUSILADA

"No nos mueve el interés de ningún partido. Por ello, sin odio ni rencores, sin deseos de venganza ni discriminaciones entre hermanos, llamamos a la lucha a todos los argentinos que con limpieza de conducta y pureza de intenciones, por encima de diferencias circunstanciales de grupos o de partidos, quieren y defienden lo que no puede dejar de querer y defender un argentino: la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Patria, en una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. ¡VIVA LA PATRIA!".

La proclama revolucionaria estaba terminada. Una profunda satisfacción iluminó la mirada de los tres hombres. Discretamente, Elbia les sirvió café y se retiró.

Aquel departamento, 7° piso, de la Avenida Rivadavia al 2300, habituado al silencio, a la media luz, con cientos de libros como testigos, era casi el ámbito natural para aquellos tres hombres que estaban ejerciendo el deber patriótico de resistirse a la tiranía

Los tres convocados eran dos generales y un escritor. Juan José Valle, Raúl Tanco y don Leopoldo Marechal.

La tensión podía palparse en la penumbra. La fecha fijada fue el 9 de junio. La proclama recién concluida sería el punto de partida.

A mediados de 1956, la Argentina estaba asfixiada de intolerancia y represión institucionalizada. Se habían desatado odios y violencia incontenibles. Eran los tiempos de la autodenominada 'revolución libertadora' .Tiempos de Aramburu y Rojas.

Lonardi había quedado atrás casi como una trágica anécdota. Más atrás aún el gobierno legítimo y legal del General Perón, reelecto en el 52 por más del 60% de los electores pero derrocado para 'reestablecer el imperio del derecho'.

Eufemismo 'libertador' que significó la restauración de la Argentina oligárquica, decadente y dependiente de la 'Década Infame'.Había vuelto la Argentina de las minorías y el privilegio para postergar a la voluntad transformadora de las mayorías acaudilladas por Perón. Contra esa dictadura cívico-militar se alzaron los conjurados de junio de1956.

Es decir, para terminar con un gobierno sedicioso que había puesto en práctica un plan destinado a retrotraer al país al más crudo coloniaje, mediante la entrega al capitalismo internacional de los resortes fundamentales de la economía'.

La respuesta de Aramburu y Rojas ante el levantamiento fue concluyente, decía un segundo comunicado oficial:

Artículo 2°: 'Todo oficial de las fuerzas armadas de seguridad en actividad y cumpliendo actos de servicio podrá ordenar juicio sumarísimo con atribuciones para aplicar o no la pena de muerte por fusilamiento a todo perturbador de la tranquilidad pública'.

Artículo 3°: A los fines de la interpretación del artículo 2° se considerará perturbador a toda persona que: porte armas, desobedezca órdenes policiales o demuestre actividades sospechosas de cualquier naturaleza'.

Al fracasar la puesta en marcha de la revolución del 9 de junio, con 'serena energía', como suele decirse, y con saña feroz. Como suele ocultarse, la 'libertadora' derramó sobre tierra argentina sangre de argentinos.

En Lanús, en los basurales de José León Suárez, en los cuarteles de Campo de Mayo, en la Escuela Mecánica del Ejército, en La Plata y en los sombríos patios de la ex Penitenciaría Nacional de Coronel Díaz y Las Heras, entre el 10 y 12 de junio de 1956, 27 hombres fueron víctimas del terrorismo de estado libertador' .

Fueron pasados por las armas 27 hombres, entre civiles y militares, por integrar el Movimiento de Recuperación Nacional. Su delito: haber tomado las armas 'en defensa de la patria' decididos a pacificar la Nación por el camino de la verdadera libertad'.

LOS ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Para comprender las causas de los fusilamientos de junio de 1956 hay que rastrear nuestra historia desde mucho antes que los compatriotas del valle pusieran en marcha su revolución... Y así encontraríamos en la infausta jornada de Caseros, el punto de partida de la violencia ejercida desde el poder contra la voluntad de liberación y de independencia de los sectores nacionales.

Fue por entonces cuando se puso en práctica ese auténtico 'derecho de bestias' que las dictaduras aplican como violencia selectiva.

Derecho de bestias en función desde que el 'ni vencedores ni vencidos' de Caseros transformó en el asesinato del Coronel Martiniano Chilavert y en la ferocidad 'ejemplificadora' de la ejecución en masa de casi doscientos hombres de la división Aquino que fueron colgados como singular adorno de los jardines de Palermo para el horror de las desprevenidas damitas unitarias.


CARTA DEL GENERAL J. J. VALLE A ARAMBURU ANTES DE SER FUSILADO

Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado.

Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos.

Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido.

Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente.

Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.

Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución.

Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo.

De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.

Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan.

Aunque vivan cien años sus victimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.

La palabra 'monstruos' brota incontenida de cada argentino a cada paso que da. Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado.

Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas.

En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos.

Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido. Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria.

Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país.

Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero.

Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes. Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas.

Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias es sangre.

Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria.'

Juan José Valle.

Buenos Aires, 12 de junio de 1956.


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