lunes, 27 de julio de 2009

El maleficio que persigue a los Kirchner

Como un constante maleficio el Congreso les vuelve a jugar una mala pasada a los Kirchner. Esta vez no será la sombra de Julio Cobos la que frene el poder del Gobierno en su política agropecuaria, sino la Constitución misma y el clima de derrota electoral que se percibe entre los legisladores oficialistas.

Por Martín Dinatale

Esta semana el Parlamento vuelve a cobrar protagonismo y a imponerle la agenda a la Presidenta donde más le duele: en las retenciones al agro.

El Congreso puso una fecha límite para marcar esta agenda y es el 24 de agosto. No se trata de un capricho de la oposición, sino de un mandato constitucional que obliga al Congreso a ratificar o prorrogar toda la legislación delegada hasta ahora en el Poder Ejecutivo. Allí se incluye la potestad del Congreso para definir las retenciones, entre una larga lista de casi 2000 leyes que fueron emitidas con facultades arrancadas a los parlamentarios.

El oficialismo no tiene mucho margen para prorrogar una vez más, como lo viene haciendo desde 1999, esta legislación delegada y menos aún cuando allí están incorporadas las polémicas retenciones.

¿Dejarán los Kirchner que la oposición del Congreso les arrebate la agenda y que la sombra de la derrota legislativa por la resolución 125 se cierna una vez más sobre ellos?

"El Gobierno no va a dejar que los diputados le impongan una vez más la política agropecuaria. Seguro que se van a adelantar y tomarán medidas esta semana", se animó a apostar un destacado legislador que supo compartir hasta hace poco las tardes de Olivos.

Quienes evalúan esta hipótesis observan una mezcla de resignación y de malestar por parte del matrimonio presidencial. Cristina Kirchner fue legisladora en gran parte de su carrera política y conoce las zancadillas que puede hacer el Parlamento cuando el Poder Ejecutivo está acorralado. En este caso, la Presidenta sólo se adelantaría al Congreso a dar medidas para el campo por resignación. No hay muchas explicaciones más para esto, sino una simple pregunta: ¿por qué la Presidenta no convocó todavía a los ruralistas a la mesa del diálogo y los sigue desestimando en el nuevo mapa electoral?

También existe cierto malestar presidencial con los que fueron leales y ahora reclaman cambios. El más nombrado en este caso es el gobernador Daniel Scioli y otros mandatarios provinciales que empezaron a despegarse del poder central y se alinearon con los reclamos al agro. ¿O simplemente Scioli es un emisario de los Kirchner para tender un puente con el campo?

En este contexto, algunas voces oficialistas no descartan que el Gobierno apure esta semana una serie de medidas tendientes a reformular el esquema de retenciones al campo y convoque a la Comisión de Enlace al diálogo del cual aún no fueron invitados. No se sabe si esto responde más a expresiones de deseo de lo que la lógica política implicaría o si se trata de datos concretos.

Los Kirchner escuchan las voces de sus espadas en el Congreso, que les dicen que no habrá margen ni ahora y mucho menos después del 10 de diciembre para imponer una agenda propia en el Congreso. Los aliados de antes ya no son aliados o son difíciles de convencer. Muchos diputados se van en diciembre y fueron segregados del poder oficial. Ya no tienen más que perder que votar en contra de la Casa Rosada.

Ante el avance legislativo de la oposición no le quedan demasiadas alternativas a la Presidenta si es que no quiere quedar atrapada, una vez más, por el maleficio del Congreso, con todo lo que ello implicaría a menos de un mes de la derrota en las urnas.

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