martes, 25 de octubre de 2016

ANTE LAS PROMESAS DE CAMPAÑA DEL SEÑOR PRESIDENTE DE LA NACIÓN ARGENTINA


Señor Ing. Mauricio MACRI


CRUZADA CONSERVADORA PETICIONA

Ley de amnistía

Se pretende que esta sea una ley de olvido, que va a restablecer la calma de la situación política y social y a fundar la paz en nuestra vida pública o como dicen hoy cierre la grieta.

A nadie escapa que a partir de este día domingo, tras un año de las elecciones, el Poder Ejecutivo tendrá que blanquear la situación institucional, tan escondida, con respecto al futuro de los PRESOS POLÍTICOS. Es el deseo de millones de argentinos que otro País, tal vez, comience a asomar. A tal efecto y para no dejar duda alguna, si ese nuevo amanecer argentino no se basa, no tiene sus cimientos en la reconciliación nacional, de nada habrá servido tanto sacrificio, tantas miserias y tantos agravios a nuestras instituciones.

Ni los acusados ni los acusadores, ni ellos ni nosotros hemos olvidado nada. Lo único que se ha olvidado y se olvida son las lecciones de nuestra historia, de nuestra triste experiencia. ¿Cuántas leyes de amnistía se han dictado y los hechos se han vuelto a suceder con dolorosa regularidad: la rebelión, la represión, el perdón? Y está en la conciencia de todos que esta amnistía, que se supone ser la última, no lo será; será muy pronto, tal vez, la penúltima. Porque las causas que producen estos hechos subsisten, y no sólo en toda su integridad, sino que se agravan cada día que pasa.

Han pasado muchas décadas desde que la anarquía subversiva llevó al país a la conflagración. Luego, vinieron los cambios y los sucesos que todos conocemos.

Algunos buscamos la paz, en el convencimiento, en la prédica, en las buenas doctrinas para poder llegar a la verdad institucional. ¿Y cómo nos encontramos hoy?

Debo responder: ¡Han fracasado, lamentablemente, todas las teorías evolutivas y nos encontramos hoy peor que nunca!

Porque esta es la situación de la República.

¿Cómo podemos esperar que por esta simple ley del olvido vamos a modificar la situación, vamos a evitar que se produzcan cambios de actitud de aquellos que hoy nos gobiernan?

Se han cometido excesos jurídicos que nos avergüenzan ante las grandes naciones civilizadas.

No nos dirá esta ley de amnistía, que pretenden solicitar , no nos dirá esta exigencia nacional, que es un pedido a gritos de todos los puntos cardinales de la República, esta exigencia de perdón, que vive en el fondo de la conciencia colectiva nacional, algo que dice: Esos hombres no son criminales; actuaron conforme a mandato legislativo y nacional; esos hombres, algunos, dada la dimensión del conflicto, pudieron haber equivocado el rumbo, pero obedecían por encima de todo a un móvil patriótico.

Sólo habrá ley de olvido; sólo habrá ley de paz, sólo habremos restablecido la unión en la gran familia argentina, el día que todos los argentinos tengamos los mismos derechos.

Repito: no sólo no hay olvido, no sólo todas las causas están en pie, sino que los subversivos de ayer y de hoy siguen sembrando sus semillas de odio.

Quiera el cielo una verdadera ley de amnistía; sería responder a un gran anhelo público para curar y cerrar las heridas que hoy siguen desangrando a nuestra República. Que sea una ley de plena voluntad, con energía, con hechos que eleven los espíritus, que haga clarear el horizonte y que permita a los ciudadanos esperar en la efectividad de su derecho el renunciamiento a los actos del accionar subversivo y violento.

Pero debemos tener presente que no es admisible, en ningún caso, bajo ningún concepto, sin trastornar todas las nociones de organización política equiparar el delito civil al militar, equiparar el ciudadano al soldado. Son entes diversos. El militar tiene otros deberes y otros derechos; obedece a otras leyes, tiene otros jueces; viste de otra manera; habla y camina de otra forma. Él está armado, tiene el privilegio de estar armado. A él le confiamos nuestra bandera, a él le confiamos las llaves de nuestra fortaleza, baja o sube la bandera nacional, y todos estos privilegios se los extendemos bajo una sola garantía: su honor y su palabra.

Nuestros gobernantes y legisladores juran por Dios y por la Patria, con las manos sobre los Evangelios; el militar jura sobre el puño de su espada, sobre esa hoja que debe ser fiel, leal, brillante como un reflejo de su alma, sin mancha y sin tacha. Por todo esto, la palabra de un soldado tiene algo de sagrado y faltar a ella es algo más que un perjurio.

Es este el cartabón en que tienen que medirse nuestros jóvenes oficiales para saber si tienen la talla moral necesaria para ceñir la espada, que es legado glorioso de aquellos héroes que nos dieron Patria, cuyo bicentenario festejamos, para vestir el uniforme llenos de dorados y galones, que sería un ridículo oropel si no fuera el símbolo de una gloriosa tradición, abnegación y sacrificios que obligan, como un sacerdocio, al que lo vista.

Hoy, tenemos a cientos de ellos en la cárcel. Pero sepa el pueblo argentino que esos barrotes representan la disciplina y ordenanzas militares y sus guardianes el honor y el deber.

Establezcamos las diferencias, salvemos la disciplina y las ordenanzas; para entonces, sí y sólo sí, escuchar al unísono, en formación: ¡Subordinación y valor, para defender a la Patria!



SEÑOR PRESIDENTE DE LA NACIÓN, será JUSTICIA y abrirá a la PATRIA amplias vías de convivencia en la búsqueda definitiva de la tan soñada PAZ INTERIOR.


Fernando Castro Pintos
Presidente

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