domingo, 10 de diciembre de 2017

MONTONEROS Y ERPIANOS: DEL SECTARISMO A LA SECTA



Por Jorge Fernández Zicavo

Uno de los aspectos menos conocidos de las organizaciones terroristas de izquierda que ensangrentaron la República Argentina durante la década de 1970, es que sus “organizaciones armadas” y/o “político-militares” (particularmente estas dos más importantes) acabaron asumiendo, por la propia dinámica de la clandestinidad, características propias de las Sectas: universo cerrado o estanco, un código moral, metalenguaje, uniformidad des-personalizadora, etc.

MONTONEROS implementó una política orgánica respecto a los hijos de “compañeros/as” muertos en combate o capturados-ejecutados por las fuerzas del Estado. Si (en el caso de que sus padres portaran documentos de identidad legales, algo poco frecuente) esos niños habían sido entregados a sus tíos o abuelos, éstos eran visitados por unos “compañeros” que les obligaban a que se los cedieran para vivir con otras parejas de la “Orga” a fin de ser educados en los principios “socialistas” de sus padres y no en los “burgueses” de sus familiares.

En ocasiones, esos niños fueron entregados a parejas montoneras que nunca fueron capturadas, por lo cual, pudieron llevar una vida relativamente normal dentro de lo que las medidas de la clandestinidad permitían; pero hubo otros casos en los que las guaridas de esos “compañeros-padres adoptivos” fueron localizadas y asaltadas por las fuerzas del Estado. Lo asombroso fue que en estos casos ninguno de esos niños resultó muerto ni herido. Por lo que he podido averiguar al respecto, parece ser que esto se debió a que los terroristas los pusieron debajo de las camas, dentro de una bañera, o en cualquier otro sitio donde quedaran fuera de la línea de fuego. Esta apropiación de niños para educarlos en principios o valores diferentes de los del resto de la sociedad, es una característica común a todas las sectas.

El sustrato ideológico que alimentaba esta política orgánica era la consigna mesiánica del “Che” Güevara, "crear un hombre nuevo” bajo los principios de una “moral socialista”. Una quimera nada original, por cierto, pues la había tomado prestada del “hombre soviético” que los comunistas rusos se propusieron modelar a partir del fenómeno estajanovista surgido durante los ambiciosos Planes Quinquenales de Stalin tendientes a convertir a la Rusia feudal y agraria en una potencia industrial.

Por otra parte, la fantasía del “hombre nuevo” ya latía en el socialismo utópico que el francés Étienne Cabet ensayó en sus comunas “icarianas” de Estados Unidos durante el siglo XIX, e incluso, en los Evangelios.

En cuanto al PRT-ERP, el componente sectario fue aún más radical. Los miembros del Partido que ingresaban en su “brazo armado” Ejército Revolucionario del Pueblo, debían alojarse en “casas de seguridad” donde normalmente convivían tres parejas en un "ambiente de comuna” que, después de cenar, analizaban las noticias políticas de la jornada y comentaban los soporíferos informes al Comité Central escritos por el mediocre marxista Santucho. Asimismo, debían hacer una “autocrítica” de aquellas conductas burguesas a las que hubieran sucumbido por no tener todavía una sólida formación ideológica “proletaria”. Finalmente, y he aquí lo más siniestro, si una pareja tenía desavenencias, debía exponerlas al resto de la célula, quienes aconsejaban medidas correctoras acordes con los principios de la catequesis marxista.

Adenda: No recuerdo quien dijo que "todos los mesiánicos que quisieron crear Hombres Nuevos acabaron exterminándolos".

Termidorianos

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