jueves, 18 de enero de 2018

EL PAPA TEME QUE LE PASE AQUI LO QUE PASO EN CHILE


La foto raleada de gente de la misa en Lobito, a 25 minutos de Iquique, es la imagen de la visita. 

Por Ricardo Roa

El Papa aspiraba a que fuera una multitud. No lo consiguió. Se dirá que es una zona desértica. El la eligió: allí viven inmigrantes pobres y se hunden las fuertes raíces de la evangelización católica. Encima, próxima a Bolivia y a la Argentina.

Francisco apostó a mostrar en Chile cientos de miles detrás de él para, de paso, mandar un mensaje eclesial y político hacia aquí. Se equivocó. Al destrato de no visitar su país, visitando vecinos, sumó otro: el de enviarnos un saludo de computadora y en inglés sin siquiera un párrafo dedicado a nosotros. Cosas que se notan mucho. Como en esas películas en que el actor hace dos papeles, el siempre peronista Bergoglio busca como Papa ser la brújula que le falta al peronismo.

Y no solamente esa: también la de una izquierda regional confundida y confusa. De una izquierda viuda del chavismo, que es una viudez del marxismo y un refugio para parte del izquierdismo cultural y elitista. La luz para los pobres y los no instruidos que cree que su voz es la voz del pueblo, siempre y cuando la pongan ellos, los conductores elegidos por ellos mismos.

El Papa humilló a Piñera, recién elegido presidente, que lo buscó y no lo encontró. Piñera es un espejo de Macri. Otro capitalista neoliberal. Bergoglio tiene un prejuicio con los empresarios. Y más con los empresarios políticos. Todos tenemos prejuicios aunque el prejuicio sea una de las formas de la ignorancia. El Papa es el representante de Cristo en la tierra, según los creyentes. Pero es un hombre y como todos prejuzga.

No recibió al embajador argentino en Santiago, José Octavio Bordón pero recibió al dirigente piquetero Grabois y al dirigente peronista Valdés, ex embajador de Cristina y lobbysta de Aeropuertos 2000. Francisco contó que Valdés al llegar al Vaticano le pidió audiencia para Eduardo Eurnekian. Le dijo que no.

Si en Chile los chilenos no le dieron el calor buscado, los argentinos que peregrinaron allá tampoco. Se esperaba un millón. Viajaron menos que en enero del 2017.

Bergoglio oficia de Perón. Recibe a macristas como Michetti, Stanley, Bullrich o Triaca. En noviembre atendió hora y media a Rodríguez Larreta. Y a todos les dice lo mismo: no tengo nada contra Macri. Cuando recibe a kirchneristas, a todos les dice lo mismo pero al revés: Macri es un rico que gobierna para los ricos. En los gestos públicos valida la versión kirchnerista. Se comprobó con Piñera y con Grabois.

El Papa siempre es el Papa, se trate de quien se trate. Oficio dificilísimo pero no indiscutible. Francisco no es indiscutido. Si creyó que a los mapuches los podía manejar, los atentados mostraron que fue otro error. Y al final quedó pegado a la defensa de los curas pedófilos. Es una grieta chilena con la Iglesia que Bergoglio en vez de cerrar, profundizó.

Otra vez Francisco anduvo cerca y decidió no venir. Mantiene una disputa de poder con Macri y tiene un conflicto ideológico con Macri. Y un temor: que aquí le pase lo mismo que le pasó con la grieta chilena.

Clarín


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