viernes, 30 de septiembre de 2016

EL LEGADO DE ZAFFARONI


Cada vez que a través de los medios de comunicación me impongo de un nuevo acto criminal en perjuicio de algún ciudadano, inmediatamente me acuerdo del doctor Eugenio Raúl Zaffaroni y su caprichosa Teoría Finalista —garantista del delito—, en contraposición a la Teoría Causalista o tradicional. 

El delito, conforme a la Teoría Causalista, es definido como una conducta típica, antijurídica, culpable y punible. Conforme a ello, todo el sistema penal se pone en funcionamiento para investigar, perseguir y condenar al autor del delito, sujeto activo, en función de un tipo penal descrito en la ley de fondo, el Código Penal de la Nación. 

Esa es precisamente la esencia y fundamentación de la ley penal, no otra. 

Hasta allí todo estaba perfectamente claro. La sociedad organizada estaba protegida, al menos desde el punto de vista normativo. 

Pero cuando irrumpe en la doctrina la capciosa Teoría Finalista-garantista del doctor Zaffaroni, ya nada fue igual en este bendito país. 

Ahora, el sujeto activo de un delito, el delincuente, resultaba ser víctima de la sociedad organizada, y en función de ello la victimaria, la sociedad, debía por todos los medios posibles reinsertar al delincuente en la comunidad organizada, aún a costa de la propia víctima. 

Este verdadero giro copernicano acerca de la Teoría del Delito, en donde se atiende al elemento subjetivo que navega en la mente del delincuente al momento de cometer el delito, para así condenarlo o absolverlo, impregnó como un cáncer varias generaciones de juristas que se vieron seducidos por su construcción intelectual, a todas luces nefasta. 

Si a ello le agregamos que existen leyes nacionales garantistas, como la ley Nº 24.660 de Ejecución de la Pena Privativa de Libertad, que en vez de apuntalar la ley sustantiva desvirtúan la esencia misma del sistema penal antes reseñado, y considerando la facultad federal de las provincias de dictar sus propios códigos en materia Procesal Penal, como el caso de la provincia de Santa Fe que es de neto corte garantista, el resultado que se obtiene es un cóctel explosivo que no se ve precisamente en los claustros académicos, sino en el día a día en la vía pública, y más aún dentro de nuestros propios hogares, ahora objeto también de las nuevas modalidades de ilícitos que se reinventan constantemente. 

En mis años de juventud como estudiante de abogacía, aprendimos en la Universidad Católica de Derecho que muchas veces el proceso se transforma en la tumba del derecho

Particularmente creo que en esta provincia garantista tal premisa se viene cumpliendo a rajatablas, en triste perjuicio de la ciudadanía que no se cansa de reclamar por su seguridad. 

Es una verdadera lástima que Rudolph Giuliani no sea argentino y no nos gobierne, pero esto tiene solución si nuestros mandatarios se ponen definitivamente los pantalones y aplican como política de Estado la "tolerancia cero". Ya es hora de que así sea.

Jorge Enrique Yunes Farrud / Abogado


No hay comentarios:

Publicar un comentario