domingo, 14 de julio de 2019

MAÑANA SERÁ TARDE

Para los desilusionados con la gestión actual, una sola pregunta: ¿creen, realmente, que podrán estar mejor con los ladrones de la fórmula Fernández² que con los chambones actuales?

Por Enrique Guillermo Avogadro


"Es sorprendente ver a millones de hombres, miserablemente esclavizados y sometidos a un yugo deplorable, no porque estén obligados por una fuerza mayor sino porque están fascinados y, por así decirlo, hechizados sólo por uno, al que no deberían temer, ya que él está solo, ni querer, ya que es con ellos inhumano y cruel". Etienne de La Boétie

El futuro está recibiendo una enorme colaboración de las huestes kirchneristas en estos días cruciales: Pablo Biró (Aerolíneas), Sergio Palazzo (Bancarios), José Fantini (Carne), Juan Grabois (CTEP), Hugo Moyano, Guillermo Moreno, Dady Brieva, Santiago Cúneo, Luis D'Elía, Axel Kiciloff, Eugenio Zaffaroni y hasta Alberto Fernández (que recula en chancletas para contradecir sus críticas tan recientes a su propia jefa espiritual o intentar justificar su apoyo a Nicolás Maduro y Luiz Inácio Lula da Silva) espantan a los indecisos; de todas maneras, resulta inexplicable que, pese a la enorme corrupción probada en los Tribunales, aún haya muchos de éstos.

La hermana Martha Pelloni, que tanto prestigio ganó cuando luchó con coraje para aclarar el crimen de María Soledad Morales, denunció que La Cámpora es la dueña del narcotráfico. Tratándose del mayor negocio del país, siempre supuse que los Kirchner, tan avaros, jamás lo cederían a "La Morsa", y que éste sólo era el gerente. Ahora, evidentemente, lo ha recibido en herencia Máximo, el gran hijo, y estos dichos de alguien tan prestigioso, puede producir el mismo efecto que llevó a tantos a rechazar a Aníbal Fernández en 2015.

Dentro de menos de un mes, los argentinos deberemos votar en las PASO y, pese a que en ellas nada será decidido, pueden transformarse en la tumba de la Argentina. La confirmación de ese aserto no puede ser más sencilla: si el Frente para Todos obtuviera entonces un porcentaje sensiblemente mayor de votos que Juntos por el Cambio, la sociedad y los mercados entrarán en pánico y todos los indicadores económicos (dólar, inflación, riesgo-país, consumo, etc.) estallarán; así, las chances que tenemos de sobrevivir habrán desaparecido pues el bolsillo de los electores sufrirá un deterioro irreversible antes de octubre.

Y toda esa catástrofe es altamente probable ya que basta recordar que, en 2015, Cambiemos obtuvo en esas PASO dos millones de votos menos que en la primera vuelta electoral; en un escenario menos complicado que el actual, porque el kirchnerismo se había ocupado muy exitosamente de maquillar la crisis que dejaba, sólo por un escasísimo 1,5% evitamos caer en manos de Daniel Scioli y Carlos Zannini.

Es por eso que, en la medida en que Juan José Gómez Centurión y José Luis Espert no han oído el ruego de renunciar a sus respectivas candidaturas presidenciales (manteniendo sí las de sus candidatos a legisladores) pese a saber que sólo serán testimoniales, y morderán algunos votos al oficialismo, esta apelación a la racionalidad adquiere aún mayor gravedad y urgencia: es imprescindible que todos, todos, vayamos el 11 de agosto a votar.

Para quienes nos sentimos obligados con la democracia y pretendemos que ésta luzca transparente y libre de impurezas, existe un deber mayor: fiscalizar estas elecciones; no se trata sólo de cuidar el voto de nuestro propio partido sino, inclusive, el de aquéllos otros que carecen de la estructura necesaria para cubrir todas las mesas, para evitar las mañas que tanto daño han hecho en el pasado y que todavía continúan haciéndolo en los feudos medievales de Formosa, Santiago del Estero y Tucumán. Si no lo hacemos, mañana será tarde para lágrimas.

Creo que, por todo eso, resulta imprescindible leer un artículo de Ian Sielecki titulado "El dilema de la Argentina: cruzar o no el Rubicón hacia el siglo XXI" (https://tinyurl.com/y5ubaemt), ya que plantea con toda claridad cuáles son las opciones a las que nos enfrentamos.

En otro orden de cosas, y no es un tema menor, el Gobierno incluirá a Hezbollah en la lista de organizaciones terroristas, con todo lo que esto implica. Era hora, ya que esa milicia chiíta pro-iraní se adjudicó en su momento los atentados contra la Embajada de Israel y la sede de la AMIA, que tantos muertos argentinos costaron hace ya veinticinco años.

Hoy Hezbollah está presente en Venezuela, por la fuerte alianza del asesino Nicolás Maduro con el régimen de los ayatollahs que hoy tiene en vilo al mundo, y en la Triple Frontera, donde participa activamente en el contrabando de armas y narcóticos, en abierta complicidad con los sanguinarios delincuentes brasileños del Primeiro Comando Capital y del Comando Vermelho.

Será curioso, seguramente, observar la reacción del kirchnerismo cuando se publique en el Boletín Oficial, ya que mantiene hoy la misma actitud con Venezuela que tuvo cuando ejercía el poder y se alineaba firmemente con Irán, país al cual intentó -ignoro si lo consiguió- vender material nuclear por mediación del cómplice Hugo Chávez, con Rusia y con Cuba (¿algo que ver con las presuntas dolencias de Florencia Kirchner y los reiterados viajes de su madre a la isla?).

Finalmente, para los desilusionados con la gestión actual, entre los que me incluyo, una sola pregunta: ¿creen, realmente, que podrán estar mejor con los ladrones de la fórmula Fernández² que con los chambones actuales?


Enrique Guillermo Avogadro
Abogado


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