viernes, 11 de octubre de 2019

PROMESAS, CAMPAÑA ELECTORAL Y PATOTAS

En un país ideal, lo justo por parte de los votantes sería exigirle a los candidatos que los pongan al tanto de las dificultades que deberán asumir y no los beneficios que les prometen y por lo general nunca cumplen.

Por Rogelio Alaniz


Es probable que Victoria Donda se inspire en la campaña electoral que en su momento alentara Macedonio Fernández. Según recuerda Borges, Macedonio consideraba que lo importante era llamar la atención a través de mensajes en las mesas de los bares, en algún libro, en alguna pared, todas iniciativas orientadas a ir acostumbrando a los desprevenidos ciudadanos con su nombre. Pues bien, la señora Donda viene practicando desde hace tiempo una estrategia electoral parecida que consiste en llamar la atención sea como sea. Tengo para mí que Macedonio era más responsable, más sobrio y, sobre todo, más inofensivo y menos manipulador que la señora Donda.

Una incógnita difícil de responder será si Victoria Donda a la hora de salir en defensa de un supuesto vendedor ambulante lo hizo movilizada por un sentimiento de solidaridad con los débiles, o como estrategia electoral, o, simplemente, para satisfacer su vocación de autopublicitarse con los recursos más propios de una vedette que de una política comprometida con los pobres, como le gusta alardear. Por lo pronto, hay buenos motivos para creer que (pasado el incidente con el delincuente por el que asumió su defensa, sin estar autorizada para ello) resulta por lo menos improbable que, de allí en más, se haya preocupado por el destino del joven que dijo defender, porque los actos de autopublicidad que a ella le gusta protagonizar no incluyen algunas otras incomodidades como hacerse cargo en serio de los dramas reales de la calle. Capítulo aparte podría escribirse acerca del joven quien seguramente se ha divertido mucho con la diputada que inesperadamente salió en su defensa, ignorando ella que su presunto desvalimiento disimulaba mal a un delincuente con más de ocho pedidos de captura que los policías sí percibieron al primer golpe de vista, mientras que Donda lo único que percibió fue la posibilidad de montar su propio unipersonal, mientras esa suerte de pyme constituida con sus colaboradores financiados con los impuestos públicos, se dedicaban a filmarla.

Axel Kicillof se destacó en otros años por ejercer una extravagante defensa de los pobres -y de su propia gestión- cuando en una entrevista de prensa le reprochó al periodista que le reclamaba que diera a conocer los porcentajes de pobreza de su gobierno con el sorprendente argumento de que indagar en esas cifras significaba “estigmatizar” a los pobres, una excusa oportuna para un funcionario que debía hacerse cargo de que en el año 2014 la cifra de desocupados creció en tal escala que estuvo arañando el medio millón de personas. Devenido años después en candidato a gobernador, gracias al “dedo” de su jefa, Kicillof se despacha en otra entrevista con otra consideración que según se mire puede ser desafortunada o lógica, porque es posible que en una entrevista hasta al funcionario más pintado se le escape alguna frase inconveniente, pero también puede ser que esa frase no sea más que la expresión de un concepto de sociedad en la que los delincuentes son víctimas de un supuesto orden social injusto. Que en una semana la señora Donda y el señor Kicillof hayan intervenido en sintonía con los principios de lo que se podía denominar “la línea Zaffaroni”, es posible que más que una casualidad sea una causalidad, más si se suma a estos episodios las ponderaciones que Guillermo Moreno hizo de los chorros (eso sí, con códigos) o el deseo que manifestó el señor Juan Grabois de “salir de caño” si alguna vez le tocaba ser pobre, especulación abstracta de este caballero -dicho sea de paso- porque el señor Grabois nunca fue pobre y, a juzgar por sus actuales actividades empresarias, es muy difícil imaginar que alguna vez le toque descender a esa condición.

Arrecian las amenazas de kirchneristas en la vía pública. En lo que modestamente a mí me corresponde, día por medio algunos energúmenos me insultan en la calle mientras me prometen peregrinar un largo y atormentado vía crucis cuando el pueblo llegue al poder. En general sus agresiones no me ponen más nervioso de lo que soy, mientras que a más de uno les he dicho que si no le tuve miedo a los militares que, convengamos, eran más eficaces que ellos, mucho menos le voy a tener miedo a miserables patoteros callejeros de la causa K, renacuajos redivivos de los camisas negras del Duce o de los miserables canallas de la Alianza Libertadora Nacionalista, Tacuara y las Tres A, los aportes humanitarios hechos por la causa nacional y popular. Insisto en que no les tengo miedo, pero la historia y los años me han enseñado a no subestimar el fascismo, las patotas regimentadas desde las cuevas nacionales y populares. Escribo esto, además, para poner en conocimiento a mis esforzados lectores que si se enterasen que un día de estos me atropelló un auto, o desde alguna azotea se precipitó algún objeto cortante, o si desde alguna moto o algún auto sin patente decidieran hacer realidad los deseos que alientan conmigo, dispongan de una pista para hallar a los culpables.

A Lenín Moreno, actual presidente de Ecuador, su nombre no le alcanza para ser considerado por el chavismo y sus aliados latinoamericanos, el representante de la derecha en su país y el gestor de los ajustes impuestos por el FMI. No conozco un solo acuerdo con el FMI que haya merecido los aplausos de sus supuestos beneficiarios, reacción previsible si se quiere, ya que no se sabe en este valle de lágrimas que alguna vez los deudores hayan estado felices con sus acreedores. Hay buenos motivos para sospechar que detrás de estas movilizaciones que obligaron al gobierno nacional a trasladarse desde Quito a Guayaquil, están las intrigas de Rafael Correa, el ex presidente de Ecuador, residente en Europa con su familia y acusado de numerosos episodios de corrupción como parece ser la constante en todos estos líderes nacionales y populares, quienes pareciera que su declarativa solidaridad con los los pobres los habilita para enriquecerse con los recursos públicos. Nicolás Maduro y Diosdado Cabello no pueden menos que disimular su satisfacción por los levantamientos populares en Ecuador e incluso se han tomado la licencia de condolerse por las víctimas de la represión, condolencia sospechosa si se quiere porque en estas movilizaciones en Ecuador murieron dos personas y las dos en accidentes, mientras que ni los mismos números ni las mismas circunstancias puede exhibir la dictadura venezolana, y al respecto alcanza y sobra con una ligera lectura al informe de Michelle Bachelet.

Alberto Fernández tiene todo el derecho del mundo para organizar actos electorales prometiendo que va a promover campañas para luchar contra el hambre, promesas fáciles de realizar -como Mauricio Macri muy bien lo sabe- entre otras cosas porque a través de ellas se supone que se conquista el corazón de los pobres y los no tan pobres, sin necesidad de abundar en mayores detalles. En todos los casos estamos hablando de promesas que se supone impresionan bien al hombre de la calle o, como le gustaría decir a Borges, al crédulo amor de los arrabales. Sería prudente que las promesas alguna vez vayan acompañadas de -aunque más no sea- una mínima explicación acerca de cómo harían efectivas recompensas tan generosas, porque nadie puede estar en desacuerdo en regalar medicamentos a los jubilados, duplicar los salarios o poner plata en los bolsillos de la gente, deseos fáciles de realizar en campañas electorales y muy difíciles de cumplir cuando se asumen las responsabilidades del poder. En un país ideal -y tal vez en un mundo ideal- lo justo por parte de los votantes sería exigirle a los candidatos que los pongan al tanto de las dificultades que deberán asumir y no los beneficios que les prometen y por lo general nunca cumplen.



jueves, 10 de octubre de 2019

NO A LA PENA DE MUERTE

No podemos fomentar los linchamientos ni la justicia por mano propia y menos la pena de muerte.

Por Alfredo Leuco


Hoy es el día mundial contra la pena de muerte. Es una lucha a muerte contra la muerte. Es una apuesta a la vida más allá de los criminales y/o violadores que por supuesto, merecen el máximo castigo posible que fije la ley. No se combate a los delitos cometiendo otro delito. No se combate al caníbal comiéndose al caníbal. Si algo nos separa de los criminales son los valores.

Humildemente, creo que si queremos vivir en paz, debemos ser muy duros con los que pregonan la guerra. Si queremos vivir tranquilos debemos ser contundentes con los que generan la inseguridad y el terror ciudadano.

El mensaje que el poder debe enviar en su lucha contra la delincuencia y los criminales debe ser implacable, por supuesto. Insisto: el poder político y las instituciones de la democracia deben ser exigentes al máximo en la aplicación de la ley.

No se puede demostrar debilidad, ineficiencia o contradicciones frente a un enemigo social que atenta contra el principal derecho humano de la población que es su derecho a la vida, primero y su derecho a vivir en paz, después.

Por eso digo que la ley debe ser el marco para defender la vida de la comunidad y se debe castigar con todo el peso de la ley tanto al delincuente y al criminal que tienen la responsabilidad principal en todo esto como al policía que cometa algún delito a la hora de combatir a esos delincuentes.

Ni mano blanda que mira para otro lado y justifica a los delincuentes ni mano dura ni gatillo fácil que muchas veces destruyen vidas por error o por odio mezclado con venganza. Mano justa, sería el mejor camino para todos.

No se gana nada apoyando o permitiendo que los policías y otras fuerzas de seguridad violen la ley para luchar contra los que violan la ley. Ahí entramos en la ley de la selva y en la delincuencia de estado. El ojo por ojo finalmente, deja ciega a toda la sociedad.

El mensaje debe ser claro. La línea divisoria es entre los que se ganan la vida dignamente y los delincuentes que no respetan las normas que nos permiten vivir en sociedad e interactuar entre los distintos.

Yo sé que no es un mensaje tranquilizador para la sociedad que muchos delincuentes pesados, criminales de gran calibre, estén libres, caminando entre nosotros, mezclados entre la gente honesta que jamás transgredió ni una sola reglamentación. No es justo igualar para abajo.

Es necesario, como en todos los órdenes de la vida un sistema claro y firme de premios y castigos que envíe mensajes contundentes para toda la sociedad. Los que violen la ley, deben saber que no les espera el paraíso. Que por el contrario, les espera un infierno. En la Argentina debemos lograr que no sea gratis cometer delitos.

De una vez y para siempre debemos desterrar el facilismo peligroso de ambos extremos. Ninguna desmesura ni posición ultra nos sirve para vivir en paz. Ni el zaffaronismo abolicionista que en un minuto deja en libertad a casi todos los delincuentes. Ni el bolsonarismo que fomenta poco menos que volarle la cabeza de un tiro a cualquier raterito. Ojo con las exageraciones y demagogias de ambos lados.

Tenemos que ser muy racionales y prudentes pero muy firmes e implacables en aplicar la ley. No podemos admitir que los ladrones entren por una puerta y salgan por la otra diez, veinte veces. Es una carrera loca del delito que la mayoría de las veces termina en la muerte: del victimario o de la víctima.

No podemos permitir que nadie se atribuya poderes especiales o celestiales y pueda decidir de un tiro sobre la vida y la muerte de las personas por más delitos que hayan cometido. Es un tema delicado pero es el límite entre la civilización y la barbarie. Entre el vale todo y el todo dentro de la ley. Los fanatismos nos llevan derechito a autoritarismos fachistas de los que es muy difícil regresar.

Yo comprendo que la lentitud, la ineficiencia y muchas veces la cobardía de la justicia en hacer justicia, lleva a muchos a reclamar un atajo peligroso que es la justicia por mano propia, el linchamiento. Hemos visto demasiado de esa putrefacción de la condición humana en estos tiempos. Padres que no pueden soportar que los asesinos de sus hijos no paguen por lo que hicieron. Los comprendo.

En su dolor y desgarro inconmensurable, los entiendo. Uno no puede menos que compadecerse por semejante agujero negro que les deja en el alma a todos los familiares de las víctimas. Pero no los justifico.

Porque soy periodista. Tengo un micrófono y una voz que, por suerte, escucha mucha gente. Y debo ejercer mi trabajo con el máximo de responsabilidad ciudadana y profesionalismo. No podemos fomentar los linchamientos ni la justicia por mano propia y menos la pena de muerte.

Entiendo a todos los que tengan otra mirada del tema. Se que es un tema polémico a ultranza. Pero es mi opinión. Se la quiero transmitir con la mayor honestidad intelectual posible.

Hay que construir una policía eficiente, calificada, profesional y moralmente y profundamente democrática. Esa policía debe ser un instrumento de la sociedad y la justicia para enfrentar a los delincuentes. No hay otro camino.

Por el sendero de la ley vamos a vivir menos en peligro y vamos a recuperar las ganas de vivir en plenitud y transitar por las calles y recuperar los lugares públicos para disfrutarlos con nuestros seres queridos. No queremos ser rehenes de la inseguridad. No queremos ser víctimas de los delincuentes pero tampoco de los malos policías que son delincuentes con uniforme.

No queremos quedar cautivos de los miedos. Encerrados entre cuatro paredes y llenos de rejas por todos lados. No queremos rendirnos ante el pánico. Porque si la vida no vale nada, nada vale.

Queremos vivir en paz y en tranquilidad en una sociedad de trabajo, progreso y educación. ¿Será mucho pedir? ¿Será mucho? ¿Será?

Todos los días nos enteramos de una nueva atrocidad. Todos los días nos enteramos de algo peor y modificamos nuestros hábitos de vida. Nos metemos para adentro, literalmente. Nos rodeamos de sospechas, de mecanismos de prevención, de alarmas por todos lados.

Todos los días levantamos paredes más altas, rejas más gruesas. Hay casas que parecen bunkers, a las que además de puertas y ventanas blindadas solo les falta una barricada en la puerta. ¿Hasta cuándo? Es que el miedo no es zonzo. Y cada día tenemos más miedos.

A veces son tantos los casos de robos o de muertes que se nos va formando un callo que nos insensibiliza. Pero otras veces construimos esa especie de coraza inexpugnable para no enloquecer y para no andar todo el día mirando para todos lados sin poder vivir en paz y en tranquilidad. ¿Es tan difícil lograrlo?

Hay que actuar en defensa propia de los ciudadanos indefensos. En defensa propia y de nuestras familias. La seguridad debe ser una bandera en manos de los funcionarios más sensatos, valientes, experimentados y más democráticos.

No se puede dejar la bandera de la lucha contra la inseguridad ni a los adoradores de Zaffaroni ni a los de Bolsonaro. No se puede arrojar nafta demagógica sobre tumores sociales como la pena de muerte o la tortura o los linchamientos o el gatillo fácil. Queremos un estado democrático pleno. No un estado de sitio ni un estado policial.

Hay que repudiar la ley de la selva pero hay que reivindicar la ley de la vida. Que se aplique de verdad la ley más dura y más rigurosa sin salirnos de la ley. La mayor seguridad y protección que pedimos no incluye la pena de muerte. No incluye la venganza con premeditación y alevosía.

Ojo con apelar a un remedio que sea peor que la enfermedad. Llenar de cadáveres la patria nos convierte en un cementerio con bandera. No se puede fogonear el asesinato de estado. No se puede ni se debe multiplicar la muerte para terminar con la muerte.

miércoles, 9 de octubre de 2019

DEBE DEFENDERSE EL SECRETO PROFESIONAL DE LOS PERIODISTAS

Nuestra Constitución y distintos tratados internacionales establecen que no podrá afectarse el secreto de las fuentes de información periodística.

La doctrina es rotunda en favor de la consagración del secreto profesional de los periodistas. Si no lo fuera, no habría prácticamente periodismo de investigación que fuera posible. Y, en un sentido más amplio, periodismo, a secas.

En los tribunales argentinos había, antes de la última reforma constitucional, juzgados que vacilaban sobre aplicar un principio que había tenido cabida en memorables cuestiones judiciales. Así fue, como referencia de enorme valor, el caso "The New York Times vs. United States", de 1972. Allí la Corte Suprema de los Estados Unidos autorizó al diario a publicar los llamados "Papeles del Pentágono", en consonancia con la primera enmienda constitucional, que protege la libertad de expresión y de prensa. Se trataba de una documentación sensible sobre el involucramiento militar norteamericano en Vietnam. Además, el tribunal relevó a The New York Times de la obligación de hacer públicas las fuentes de su información, contra lo que demandaba la Casa Blanca.

En el artículo 43, la reforma constitucional de 1994 estableció: "No podrá afectarse el secreto de las fuentes de información periodística". El tercer principio de la Declaración de Chapultepec -de cuya redacción, entre muchos otros, participó el premio Nobel de Literatura Octavio Paz dice que "no podrá obligarse a ningún periodista a revelar sus fuentes de información". Otro tanto estipulan en igual sentido la Corte Europea de Derechos Humanos, la Convención Americana de Derechos Humanos, las constituciones de Córdoba y Jujuy, y los códigos procesales de Santa Fe y Chubut.

Pero donde debería haber una claridad meridiana sobre lo que correspondería a los jueces hacer y decir, cada tanto se produce un apagón de luces. Las principales organizaciones periodísticas del país y de la región han considerado necesario expresar su alarma por decisiones adoptadas por el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, en relación con el periodista de Clarín, Daniel Santoro.

Por escuchas telefónicas en el caso D'Alessio, el magistrado imputó por supuestos delitos a Santoro, y si bien resolvió destruir los informes obtenidos por aquella vía, lo hizo fundado en el derecho a la intimidad y no en el secreto profesional. Para peor, dispuso derivar esa parte de las actuaciones a la Comisión de la Memoria de la provincia de Buenos Aires. Esta comisión se halla integrada por activistas en el campo de los derechos humanos y por docentes universitarios. De ningún modo puede juzgar la actuación de un periodista, porque no constituye un tribunal ajustado a derecho y se parece más bien, en cuanto a la competencia que le atribuye Ramos Padilla, a uno de esos tribunales populares que en tiempos del kirchnerismo pretendieron escrachar a periodistas, sin otro resultado que quedar en ridículo sus promotores, entre otros, la señora Hebe de Bonafini. Santoro ha sido perseguido por su labor de periodista de investigación, como se va patentizando en la evolución del asunto.

El otro caso ha sido la reapertura, por la Sala I de la Cámara Federal porteña, de una acusación promovida por la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) contra los periodistas Rodis Recalt y Gerardo Young. La AFI entiende que ambos violentaron la ley de inteligencia, que protege el anonimato de su personal operativo.

En primera instancia, el juzgado interviniente había entendido que la central de inteligencia mal podía insistir en su denuncia cuando se había abstenido de hacer un sumario interno a fin de determinar quién o quiénes habían violentado dentro de la organización el secreto por el que dicen velar. Y si el sumario se hizo, no fue aportado al juzgado. La obligación de velar por la confidencialidad de cierta información es de la AFI, no del periodismo, cuya misión es otra muy distinta.

A la luz de estas cuestiones, y en previsión de situaciones que puedan darse más adelante, debe celebrarse la iniciativa del diputado nacional Gustavo Menna (UCR-Cambiemos de Chubut) para que se regule y garantice en todo el país el derecho de los periodistas profesionales a preservar el secreto de las fuentes de información.

En la Constitución se encuentra establecido el derecho; ahora corresponderá, según Menna y los legisladores que lo acompañan en el proyecto, reglamentar por ley ese derecho. Su tratamiento en comisión y en el recinto abrirán una oportunidad interesante a fin de actualizar las posiciones en esta materia de los diversos bloques en ambas cámaras del Congreso, y de algunas individualidades activas en tal ámbito.


Editorial La Nacion


domingo, 6 de octubre de 2019

¿POR QUÉ NO?



"Sueña René Favaloro un país que nunca fue"
Eduardo Falú

Por 
Enrique Guillermo Avogadro

El lunes, la divulgación del porcentaje (35,4%) de pobreza que afecta a la población produjo un verdadero tsunami en la clase política, la misma que se ha mostrado incapaz de encontrar una solución al problema desde hace décadas; es más, quienes forman parte de ella son los verdaderos responsables de esta situación, ya que el descontrolado gasto público y la consecuente inflación son los factores que más inciden para agravarla.

Resultaría ideal que, además, se transformara en un terremoto que sacudiera la conciencia de todos, en especial la de aquéllos que, desde la industria (reclamando sostener inicuas protecciones) y el sindicalismo (como los camioneros de Moyano o los pilotos de Aerolíneas Argentinas), luchan diariamente por mantener sus privilegios y prebendas sectoriales, en claro desmedro del bienestar general.

La oportunidad en que se conoció el dato -a sólo 27 días de las elecciones nacionales- habla bien de la honestidad de un Gobierno que ha decidido pagar el costo de decir siempre la verdad, aún cuando ésta, tan negativa, afecte en lo inmediato sus chances de revertir el resultado de las primarias. Evidentemente, en Mauricio Macri se ha hecho carne una frase de Jorge Luis Borges: "siempre el coraje es mejor"; todos recordamos su ahora penosa apelación para que se lo juzgara al final de su gestión, precisamente, por el nivel de pobreza.

Esa actitud resulta contrastante con las frescas imágenes que todos tenemos de Anímal Fernández sosteniendo, sin siquiera ponerse colorado, que en Argentina había menos pobres que en Alemania, y de Axel Kiciloff, que pretende convertirse en el próximo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, afirmando que se había dejado de medir la pobreza porque implicaba "estigmatizar" a los afectados.

La multitudinaria manifestación de las Barrancas de Belgrano del sábado pasado, con el cual se inició un raid de actos similares en todo el interior del país, y el inesperado resultado de las elecciones provinciales de Mendoza, el domingo, acompañado por algunas municipales en esa y otras provincias, que marcaron una fuerte reversión de lo sucedido en las PASO, retemplaron el ánimo de quienes, aún no adhiriendo a Cambiemos, están desplegando un descomunal esfuerzo para evitar que se pierdan las libertades, el respeto y la institucionalidad que han impregnado la vida de la República los últimos cuatro años, y los enormes avances en materia de infraestructura y en la relación con el mundo.

Es que todo ello demostró que aún es posible esquivar el sino trágico de este raro país que, lamentablemente y pese a los dos siglos que lleva en ello, aún no ha logrado transformarse en una nación. Todos somos conscientes de las dificultades que deberemos enfrentar, pero ya sabemos que, aunque improbable, no es imposible llegar a un ballotage y, si lo conseguimos, de infligir a la canalla corrupta -que manda, como lo demostró en las huelgas de pilotos aéreos y en los acampes callejeros- una derrota homérica.

El primer efecto colateral trascendente sería terminar con la incipiente impunidad que las veletas del edificio de Comodoro Py parecen garantizar para los mayores ladrones -funcionarios, gremialistas y empresarios- de la historia argentina, traducida en demoras ya injustificables en el comienzo de los juicios orales, libertades cuestionables y extraordinarios privilegios para los imputados. Tal vez también produzca realineamientos en el Poder Judicial, incluyendo a la propia Corte Suprema de Justicia, que ha comenzado a cogobernar el país, con fallos de neto contenido político, de un modo por demás extraño.

Si el kirchnerismo, con esa eventual derrota, finalmente desapareciera del escenario político o quedara reducido a una mínima expresión, podrían darse las condiciones -que Cambiemos ahora aceptaría sin dudar- de llegar a un gran acuerdo con la oposición peronista, para compartir con ésta la responsabilidad de establecer políticas de estado permanentes que, a futuro, terminen con la persistente decadencia nacional. Debieran dirigirse a disminuir la pobreza, acabar con la inflación, y realizar las indispensables reformas tributarias, laborales y jubilatorias que permitan reducir drásticamente el insoportable gasto público, encarar la modernización del sistema educativo y abrir, gradualmente, la economía.

Porque cualquier análisis serio de la realidad concluye en que, quienquiera que sea el próximo Presidente, deberá hacer las mismas cosas: bregar contra una crisis recurrente, renegociar la enorme deuda, dejar de gastar lo que no se tiene, posicionar racionalmente a nuestro país en términos geopolíticos. Y todo eso deberá hacerse en un mundo convulsionado por innumerables y crecientes conflictos bélicos y comerciales, con liderazgos cada vez más cuestionados e imprevisibles, y que se encamina a una recesión peor que la que lo afectó en 2008; es decir, donde habrán desaparecido todas -aún las más extravagantes, como la imaginada China-, fuentes de financiación.

Los desafíos serán de tal magnitud, que resultarán en la obligación de participar a las diferentes fuerzas políticas porque, a esta altura de los acontecimientos, la disolución nacional -incluyendo un final violento- claramente ha dejado de ser una entelequia.

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado



sábado, 5 de octubre de 2019

UN FALLO CORRECTO EN TIEMPOS INCORRECTOS


Es curioso pensar que gobernantes PJ que declaran amar, proteger y ayudar a los pobres, se nieguen a rebajar el IVA de la comida de gente que lo necesita y de la clase media acogotada.

Por Malú Kikuchi



La Corte Suprema de Justicia nació a partir de la ley Nº 27 el 18/10/1862, recién asumido como presidente de la Nación Argentina, Bartolomé Mitre. El 25/8/1863, por ley Nº 48, la Corte debía, de ahí en más, aprobar “cuestiones federales”, para “establecer doctrina constitucional”.

La Corte empezó a funcionar como tal, el 11/10/1863. Estaba formada por 5 miembros, como hoy. Desde su nacimiento hasta ahora, la Corte ha cambiado el número de sus integrantes, la edad del retiro y otros ítems, lo que siempre mantuvo fue su prescindencia en tiempos electorales.

Perdidas las PASO, el Ejecutivo se apresura a tomar medidas para paliar la crisis económica. No hubo tiempo para consultar a las provincias y por DNU se dispuso rebajar el IVA a 14 alimentos esenciales y el aumento del 20% del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias.

Quince provincias peronistas apelaron a la Corte para que la Nación no les redujera la coparticipación. Es curioso pensar que gobernantes PJ que declaran amar, proteger y ayudar a los pobres, se nieguen a rebajar el IVA de la comida de gente que lo necesita y de la clase media acogotada.

Por curioso que sea, los gobernadores consiguieron que la Corte fallara, a derecho, porque el fallo es justo, en un tiempo electoral, algo totalmente fuera de norma. En 146 años nunca había sucedido. La Corte, en fallos que implican hechos políticos, falló siempre al finalizar un mandato.

Una clara intromisión de un Poder en otro. Algo que prohíbe la Constitución y lo cometen los supuestos guardianes de la Constitución. Que eso deberían ser los jueces de la Corte. Obviamente, no lo son. Entre los miembros de la Corte hay dos jueces reconocidamente peronistas.

Se trata de Juan Carlos Maqueda, afiliado al partido justicialista, propuesto por Eduardo Duhalde como miembro de la Corte. Horacio Rosatti, fue ministro de justicia de Néstor K entre 2004 y 2005, afiliado al PJ. En cuanto a Ricardo Lorenzetti, fue propuesto por Néstor K, por consejo de Cristina.

En un cuerpo colegiado de 5 personas, 3 son mayoría. A eso hay que sumar el voto de Elena Highton de Nolasco, que siempre vota de acuerdo con la mayoría. El presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz votó en disidencia. El fallo es correcto, los tiempos son muy incorrectos.

Un ciudadano tiene el sagrado e inalienable derecho de votar por quien se le antoje. Por eso el voto es secreto. Un ciudadano tiene la libertad de hacer conocer sus preferencias políticas si así le place. Un juez no debe, no puede. A pesar del intendente de Areco, un juez no debe ser militante.

El hecho de serlo desvirtúa completamente su función de juez. El poder judicial es el fiel de la balanza del poder del Estado, tercia entre el poder Legislativo y el poder Ejecutivo. Como dueños del Derecho, no tienen derecho a inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Han de ser justos.

Este fallo, le cuesta al Ejecutivo Nacional $34.000 millones. Que muy probablemente no tiene. Entonces deberá darle a la maquinita, fabricar billetes cada vez con menos valor y echarle leña al fuego de la inflación. Todo eso porque la Corte no permitió que por 3 meses las provincias renunciaran a parte de su coparticipación.

En tiempos de Cristina, las provincias peronistas, mayoritarias en el país, no recibieron la coparticipación que merecían y necesitaban. Nunca protestaron. Salvo San Luis. Con Cristina no se animaban. Hoy, como hay República y se cumple con la Constitución, se protesta. La Corte ayuda.

Mientras, los pobres que pasen hambre, total ya votaron la ley alimentaria. Que la pequeña clase media que vive de un sueldo pague más impuesto a las ganancias, los gobernadores de las provincias PJ no quieren renunciar a sus impuestos. Las quintitas no se tocan. La gente no importa.


viernes, 4 de octubre de 2019

LA ESCUELA AUSTRÍACA DE ECONOMÍA (7° PARTE)


Es común en muchos economistas creer y explicar el tema del dinero como si fuera un fenómeno neutral. Pero, nada de ello es así.

Por Gabriel Boragina ©

"Cualquier aumento en la oferta monetaria no compensado por un incremento en la demanda monetaria conducirá irremediablemente a un aumento en el sistema general de precios. Pero los precios no se ajustan de manera inmediata en todos los ámbitos de la economía. Algunos ajustes de precio se producen antes que otros; ello conduce a una distorsión en los precios relativos. Cada uno de estos cambios ejerce su influencia en los patrones de intercambio y producción subsiguientes. En conclusión, el dinero, por su misma naturaleza, no puede ser neutral". [1]

Es común en muchos economistas creer y explicar el tema del dinero como si fuera un fenómeno neutral. Pero, como ya expusimos, nada de ello es así. La moneda es una mercancía más que, obviamente, se comporta como cualquier otra mercancía, y se encuentra sujeta a la ley de la oferta y la demanda. En un mercado libre, cuando la oferta de -supongamos- galletitas supera la demanda de galletitas el precio de este último producto baja. Es exactamente lo mismo que sucede si, en el ejemplo, en lugar de galletitas hablamos de pesos, dólares, yenes, euros, etc. La característica del mercado libre es que la gente demande más de esa moneda hasta el punto en que oferta y demanda tiendan a igualarse. Sin embargo, dado que el dinero tiene una función que lo distingue del resto de los bienes y servicios y esa misión es la de ser un medio de cambio, la demanda de dinero no acrecentará si los precios de los artículos que se compran con esa moneda específica no descienden en la misma o mayor proporción que el precio del dinero. En este caso, la demanda por dinero (dado su exceso de oferta) no producirá una ampliación de aquella excepto que los precios del resto de los bienes y servicios también se reduzcan.

"La importancia de este principio se hace evidente al analizar el problema de los costos de la inflación. La teoría cuantitativa del dinero afirma, correctamente, que la mera emisión monetaria no aumenta la riqueza. De este modo, si el gobierno duplica la oferta monetaria, la aparentemente mayor capacidad adquisitiva de bienes que adquieren los tenedores de moneda queda neutralizada por la duplicación de precios". [2]

La teoría cuantitativa mencionada antes tiene un concepto que -podríamos llamar- mecanicista del comportamiento del dinero y el incremento o la disminución de sus cantidades. Pero acierta en lo que podríamos decir hoy en día que debería ser una conclusión -casi- de sentido común. Tampoco, como ha advertido muchas veces el profesor Alberto Benegas Lynch (h), es correcto hablar de una suba general de precios. Conforme ha enseñado el profesor M. N. Rothbard la emisión de moneda, si bien afecta a todos los precios (y en ese sentido el término "general" podría ser apropiado) no lo hace nunca en la misma proporción, ni en el mismo sentido respecto de todos los bienes y servicios que se comercian en el mercado. La distorsión perturbará a todos los precios, pero no de la misma manera, dependiendo de la forma en que ese dinero extra ingrese en el circuito mercantil.

"Pero mientras la teoría cuantitativa del dinero supuso un importante avance en el pensamiento económico, una interpretación mecánica de la teoría cuantitativa del dinero condujo a que se subestimaran los costos que generan las políticas inflacionistas". [3]

El autor en examen denomina costos de las políticas inflacionistas a lo que nosotros designamos como los efectos de la inflación. Tal como señalamos en nuestro párrafo anterior, si la inflación simplemente consistiera en un remonte de los precios de igual tenor que la adición de la masa monetaria, en tal caso la inflación -en si misma- no representaría mayor dificultad que agregar la cantidad de ceros necesarios en las planillas contables y en las calculadoras o, en el caso de dinero en efectivo, el tamaño de las billeteras. Pero en realidad, el inconveniente de la inflación no sería este.

"Si los precios simplemente se duplicaran cuando el gobierno duplica la oferta monetaria, los agentes económicos serían capaces de anticipar este ajuste de precios, mediante el seguimiento cercano de los números referidos a la oferta monetaria y, de este modo, ajustarían su comportamiento de la forma apropiada. El coste de la inflación sería, entonces, mínimo". [4]

Si el mercado esperara un crecimiento de la base monetaria digamos del 20% -por caso- y si supusiera que el aumento de los demás bienes y servicios será igual a ese porcentaje ajustarían los precios en un 20%. Si esto fuera así, se aplicaría lo que comentamos en el párrafo nuestro precedente, y el único inconveniente seria agregar dígitos a la derecha de los números de que se trate. Erróneamente, se ha sugerido que las llamadas "expectativas inflacionarias" serian la causa de la inflación. Pero esto es imposible, de momento que la emisión monetaria no depende de las expectativas de los agentes mercantiles, sino que resulta exactamente al revés: la inflación depende de las expectativas de los burócratas gubernamentales, y más que de sus expectativas de sus políticas monetarias, las que -como la práctica demuestra a menudo- varían de acuerdo a los vaivenes de las coyunturas políticas, y no pocas veces de los caprichos políticos de los gobiernos de turno.

"Pero la inflación es socialmente destructiva a varios niveles. En primer lugar, incluso la inflación prevista daña la confianza básica entre el gobierno y sus ciudadanos, porque implica que el gobierno utiliza la inflación para confiscar la riqueza de las personas". [5]

En el plano común y corriente este origen causal de la inflación no es reconocido por el gran público. Popularmente, las gentes han considerado que los autores de la inflación han sido (y siguen siendo) los denominados especuladores, término con el que se pretende incluir a agentes de bolsas, comerciantes, financistas, empresarios, etc. Desde hace más de 4000 años reyes, príncipes, emperadores, jefes de estado y la clase política en general han instalado e inculcado esta idea tan pero tan alejada de la realidad, habida cuenta que no existe ningún otro causante de la inflación que los gobiernos, con independencia de épocas y partes donde hubiera tenido lugar.


[1] Peter J. Boettke. *Hacia una Robusta Antropología de la Economía**La Economía Austriaca en 10 Principios* Instituto Acton Argentina. Trad: Mario Šilar.

[2] Boettke, P. ibidem

[3] Boettke, P. ibidem

[4] Boettke, P. ibidem

[5] Boettke, P. ibidem

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jueves, 3 de octubre de 2019

NO VES QUE VENGO DE UN PAÍS QUE ESTÁ DE NIEBLA SIEMPRE GRIS…

No todos los que van a votar por Alberto Fernández piensan lo mismo, y algo parecido podría decirse de los que votarán a Mauricio Macri, porque me gustaría pensar que ambos candidatos convocan a multitudes y las multitudes, a diferencia de la “masa”, se resisten a practicar el peligroso ejercicio de la unanimidad.

Por Rogelio Alaniz

Contemplado desde otra perspectiva, los kirchneristas detestan a Macri y consideran que su presidencia es lo peor que le pudo haber pasado a la Argentina, del mismo modo que los votantes de Cambiemos están convencidos de que la candidatura Fernández- Fernández es la antesala de una tragedia nacional. La intensidad con que se viven estos antagonismos es lo que en nuestro actual lenguaje criollo se llama “grieta”, un corte político y cultural muy difícil de cerrar por más palabras tiernas que se atinen a decir de vez en cuando de un lado y del otro.

La pregunta a hacerse en este caso es si está bien que la Argentina se haya polarizado en términos tales que la existencia de una de las partes solo puede consolidarse con la desaparición de la otra. No hace falta abundar en demasiadas disquisiciones para admitir que no suele ser bueno para una nación este tipo de contradicciones exasperadas, contradicciones que afectan a la clase dirigente, a un sector importante de la sociedad civil y la intelectualidad y a sectores significativos de las clases medias. Al respecto, una primera respuesta fundada en el realismo sería que bien o mal, el problema existe y hay que asumirlo hasta las últimas consecuencia porque nada se gana con negarlo a través de convocatorias retóricas a una concordia en la que en el fondo muy pocos creen. ¿Y entonces? ¿Nuestro destino será el de vivir la discordia permanente con las consecuencias peligrosas que esas discordias provocan en una nación?

En homenaje al optimismo, podría decirse que más allá de estas turbulencias, también es muy cierto que los candidatos se esfuerzan (por ahora no discutamos si le vamos a creer o no) por presentarse como moderados, al punto que no conozco a un solo político que de la boca para afuera diga que la grieta es deseable, por lo que podría deducirse que por debajo de los fuegos artificiales y las grescas ideológicas, en la mayoría de la sociedad sigue gravitando el deseo de vivir en paz en un país normal. ¿Será tan así? Ojalá, pero incluso admitiendo que las escaramuzas políticas más confrontativas son patrimonio casi exclusivo de elites políticas minoritarias, importa tener presente (si la historia sirve de algo) que un país con sus elites enfrentadas de manera irreconciliable es un país con serios problemas para realizarse como nación y con serios riesgos de enredarse en conflictos cada vez mayores.

¿No hay salidas entonces? ¿Estamos condenados a agotarnos en las crónicas discordias, algunas de las cuales la mayoría de los argentinos ni siquiera conoce su origen cronológico? La respuesta a esta pregunta debo confesar que no la tengo, más allá de los buenos deseos o de las teorizaciones generales acerca de los beneficios de la paz universal y la bondad humana. Invito a quien quiera prestar atención al lenguaje belicoso, y a veces escatológico, de las redes sociales, a las jergas de la actual militancia política, para apreciar la distancia que existe entre las buenas intenciones proclamadas en nombre de la corrección política y las descarnadas realidades de la política cotidiana. Invito a que me respondan cómo es posible cerrar una grieta con quienes se resisten a admitir que la jefa de su causa fue la gobernante más corrupta de la historia argentina y la titular activa de una siniestra cleptocracia. La pregunta incluye a quienes sin ser peronistas y tal vez motivados por las mejores intenciones, se derraman en convocatorias humanitarias y tiernas acerca de los beneficios del amor entre los hombres.

En esta semana, sin ir más lejos, la candidata a vice jefa de gobierno de la ciudad de Buenos Aires se pronunció a favor de una Conadep para los periodistas, en sintonía con lo que ya dijera un caracterizado militante kirchnerista de la “cultura”, y si bien a las pocas horas pidió disculpas por sus palabras, a todos, o a muchos, les ha quedado en la boca la sensación de que la sinceridad o el “sinceramente”, estuvo presente en la primera declaración y las posteriores disculpas no fueron más que la consecuencia de un cálculo oportunista, un no adelantar lo que efectivamente se piensa hacer. También en la semana, el escritor Marcelo Birmajer fue amenazado en la calle, episodios que se repiten con demasiada frecuencia y que parecen expresar los deseos profundos de los partidarios del “Vamos a volver”. Alberto Fernández escribió un Twitter solidarizándose con Birmajer, una respuesta correcta de un candidato, pero que deja abierto dos legítimos interrogantes: ¿Hasta dónde es sincero el señor Fernández con sus disculpas? Y si lo fuera: ¿Hasta dónde podrá controlar a sectores que hoy por conveniencia electoral se esfuerzan por callar, pero que están dispuestos a ser activos y diligentes funcionarios del todavía inexistente pero deseado Ministerio de la Venganza?

Mientras tanto, Hugo Moyano vocifera desde la tribuna: “A Macri hay que echarlo a la mierda”. Prestar atención a la construcción de la “frase”. No dice “ganarle las elecciones”. Dice: “Echarlo”. Y esa palabra en un burócrata que nunca creyó demasiado en la democracia es de una sinceridad demoledora. Es muy probable que después alguien diga que lo sacaron de contexto o pida disculpas. ¿Disculpas por qué? ¿Disculpas por decir lo que piensa?

Capítulo aparte lo merecen las declaraciones de Horacio González acerca de una reescritura histórica “positiva” de la guerrilla de los años setenta. Digamos en homenaje a la sinceridad que lo que González pretende es la “puesta en valor” no de la guerrilla en general -no creo que el destino del PRT-ERP le haga perder el sueño- sino de Montoneros. Y agreguemos a continuación que si las palabras de unos de los intelectuales de primera línea del kirchnerismo pertenecieran al campo de los saberes históricos, podríamos permitirnos el lujo de subestimarlas o incluso resignarnos a librar en recoletos ámbitos académicos algunas de aquellas batallas por la historia que tanto nos suelen entusiasmar a los historiadores. Pero lo grave en este caso no sería recrear o reinventar un pasado que transforme a Firmenich, Vaca Narvaja o a Galimberti en próceres nacionales, lo grave es que estas palabras están dichas en septiembre de 2019, un mes antes de las elecciones y por el dirigente de una fuerza política cuyos seguidores amenazan con el “Vamos a volver”. Lo grave entonces no está en el pasado que estas declaraciones pretenden resucitar, sino en el presente que intentan forjar. No me preocupan tanto las huellas manchadas de sangre que dejaron algunas experiencias de los años setenta, como el intento mal disimulado de “recrear” algo parecido en la segunda década del siglo XXI.

Me preocupa, para decirlo de una manera suave, la cultura de la muerte de la que fue portador Montoneros, esa tentación a la que cedían con gusto para reivindicar algo así como el “Viva la muerte” que distinguió en su tiempo a algunos de los seguidores de Francisco Franco. Un repaso por las consignas más ruidosas y repetitivas de Montoneros confirma en toda la línea mis apreciaciones. Desde el “Patria o muerte” y “Libres o muertos”, pasando por pedir la “cabeza de Villar y Margaride”, a festejar con ruidosas manifestaciones de alegría el asesinato de Arturo Mor Roig o solazarse por la ejecución de Aramburu y considerar un aporte a la humanidad las ejecuciones de dirigentes sindicales, todo en Montoneros parece asimilarse a la muerte. Se dirá que estas consideraciones están fuera de contexto. Para nada. Es más, habría que recordar que la mayoría de estos llamados de la tribu a la muerte las realizaban contra el gobierno que ellos mismos habían votado y en el contexto de una democracia que estaba muy lejos de ser perfecta pero en la que ellos nunca creyeron y, por lo que puede apreciarse de sus actuales seguidores, tampoco creen ahora. ¿Hay algo más? Puede que lo haya, puede que deban distinguirse matices, pero lo que Horacio González no puede desconocer es que, le guste o no, el paisaje de Montoneros está teñido de sangre y muerte.


miércoles, 2 de octubre de 2019

MACRI: ¿LA PUEDE DAR VUELTA?

Es la pregunta del millón. La llave que abre o cierra todas las puertas. Todos nos preguntamos si el presidente Mauricio Macri puede dar vuelta el contundente resultado adverso de las primarias.

Por Alfredo Leuco

¿Conseguirá, el 27 de octubre, pasar a la segunda vuelta? Cada vez es más complicado hacer pronósticos electorales.

Hubo y hay una gran franja de los argentinos que votó a Cristina y lo ocultó por vergüenza. Es comprensible: a nadie le gusta confesar que votó ladrones y mucho menos el regreso al poder de la jefa de la asociación ilícita que se dedicó a saquear al estado.

A la gran pregunta yo respondo de la siguiente manera: Es difícil que Macri y su gente logren dar vuelta el resultado. Insisto con la palabra: difícil pero no imposible.

Los votos cada vez son más líquidos y las fidelidades, cada vez más fugaces. Nadie tiene el voto comprado y todos los partidos hay que jugarlos y dejar hasta la última gota de sudor en la cancha. No darse por vencido ni aún vencido, recomendó Almafuerte. Quiero hacer notar la diferencia que hay entre ambas palabras.

Difícil, según el diccionario de la Real Academia es “algo que no se logra sin mucho trabajo, es algo complicado y que existen pocas posibilidades de que ocurra”. Imposible, en cambio, tiene como definición que es “algo que no puede ocurrir, inalcanzable”.

Por eso hago la diferencia. Es difícil porque Macri y Pichetto deberían llegar al 35% de los votos y los Fernández no deberían superar el 45%. Pero no imposible. Es como si faltaran tres fechas para el final del campeonato y el equipo A debe ganar los tres partidos y el equipo B perder los tres. Insisto, difícil pero no imposible.

Eso en el campo de las conjeturas. Eso a la hora de imaginar que puede ocurrir con toda la información que disponemos. Hasta ahí lo subjetivo. Pero hay cuestiones objetivas y muy concretas también.

Lo planteo así: hoy lunes, con Macri, Pichetto y Vidal a punto de arrancar con una caravana masiva en Junín, es muy fácil de darse cuenta que Juntos por el Cambio está mucho mejor que el viernes pasado. Esa es una realidad. Política y anímicamente, Macri está mejor parado que el viernes. Ocurrieron varios hechos que lo certifican.

Primero, el impactante triunfo de Rodolfo Suárez en Mendoza. Ganó por 15 puntos de diferencia un radical de pura cepa pero que juega en el equipo de Cambiemos. De esta manera, la provincia de Mendoza se convirtió en un bastión para la pelea de los próximos 4 años.

Es el quinto distrito en cantidad de electores y mostró una amplia mayoría que apoyó la continuidad de un gobierno austero, razonable, de buena gestión de Alfredo Cornejo y el rechazo a una candidata pura de Cristina y La Cámpora como Anabel Fernández Sagasti. El pueblo mendocino tiene mucha sabiduría y sentido común, valora la honestidad y rechaza las propuestas más extremas.

El respaldo que le llevó Alberto Fernández fue contraproducente. Porque el mendocino tiene mucha personalidad y raíces en su tierra y no le gusta que vengan de afuera a decir a quien hay que votar.

Y además, la llegada de varios aviones de los gobernadores, incluso uno que alquiló Mariano Arcioni que tiene explotada su provincia de Chubut, potenciaron la indignación de los votantes independientes a ese populismo que quema la plata del pueblo y utiliza las herramientas del estado como si fueran de su propiedad.

Como dijo Ernesto Sanz: “el triunfo de Mendoza es un gran envión anímico para el resto del país. Demuestra que se puede”. Pero hay más situaciones que configuraron el mejor fin de semana de los últimos tiempos para los seguidores de Macri.

El sábado se movilizó una impresionante marea humana que sembró de esperanza y banderas argentinas el acto del “Sí se puede”. Fue el primero de 30 encuentros similares que el presidente piensa encabezar como una forma de contagiar mística y coraje. Algunos estaban tan entusiasmados que piensan en hacer un cierre en el Obelisco, como el de Raúl Alfonsín en 1983.

Gracias a los drones se pudieron ver tomas que demostraron un nivel de participación infrecuente e impactante. Macri arengó a la gente y los invitó a fiscalizar, militar, llevar amigos y parientes a votar para producir una verdadera epopeya digna de ser contada a los nietos.

Hay un dato clave de Mendoza que Cambiemos debería repetir. Fue récord de participación. Más del 83% del padrón concurrió a votar. Y por eso Suárez, el gobernador electo, consiguió uno de los triunfos más amplios de la historia provincial.

Cambiemos tiene que aumentar significativamente el porcentaje de votantes para el 27. Y que una gran mayoría de los nuevos votantes la boleta de Macri en las urnas. Es la única manera de bajar el porcentaje de los Fernández.

Históricamente entre las PASO y las generales suele haber un incremento de alrededor del 5% de los votantes, unos dos millones de personas. Macri aspira a que ese porcentaje se acerque más al 10%. Repito: difícil pero no imposible.

Otros elementos que jugó a favor fue el resultado de las elecciones universitarias. Después de 18 años, el reformismo, encabezado por los radicales de Franja Morada y acompañados por peronistas no K y otras agrupaciones más chicas desplazaron de la conducción de la FUA y la FUC a la izquierda y el kirchnerismo. Son datos para tener en cuenta. 


Elementos para sumar en el análisis

La ola grande de la euforia triunfalista del kirchnerismo ya pasó y aparecieron algunos de los personajes más repudiados por el ciudadano común poco politizado. Sus propuestas fueron peligrosas, delirantes y piantavotos.

Hablo de Juan Grabois que exigió una reforma agraria mientras sus seguidores tomaron varios centros comerciales, rodearon countries e impulsaron un relevamiento de departamentos desocupados para intrusar en su momento.

Hablo de Cristina Camaño que planteó directamente la reforma de la Constitución para quitarle poder a los jueces y para limitar la libertad de prensa. Su ídolo y jefe espiritual, Eugenio Raúl Zaffaroni fue más a fondo y sin pelos en la lengua: exigió incluir una nueva ley de medios, algo similar o peor que el autoritarismo fascista de una Conadep del periodismo y liberar a lo que llamó “presos políticos”.

Tal vez el más belicoso y que encima, no padeció ni una réplica desde el peronismo/ kirchnerismo fue Horacio González y su propuesta de reivindicar la guerrilla de los 70. Un retroceso del diálogo y la paz social y una provocación incluso hacia Alberto Fernández que no supo, no quiso o no pudo polemizar con el ex capo de Carta Abierta y la Biblioteca Nacional.

Como si esto fuera poco, Cristina había propuesto revisar los márgenes de ganancias y los costos de las empresas pese a que ella vivió, entre otras corrupciones, de las coimas monumentales que con brutales sobreprecios, les pagaron las empresas contratistas del estado.

Ya convertido en caricatura nefasta de lo peor de la vida política apareció el patotero y mafioso Omar Suárez “El Caballo” diciendo que era un santo bendecido por el Papa Francisco y por Cristina. Este delincuente que le robó a los afiliados y se cansó de extorsionar empresas navieras, no tuvo empacho en mostrarse con una camiseta celeste y blanca que decía “Cristina 2019 y libertad a los presos políticos”

Incluso tuvo en sus manos un libro, una foto y una bendición de puño y letra del Papa Francisco. Hace tres años que está preso, ahora con detención domiciliaria por problemas de salud. Todas estas apariciones son un dolor de huesos para Alberto Fernández. Expulsan a los votantes honrados y moderados. Producen rechazo y asustan porque pueden anticipar tiempos de cólera y violencia.

Por el contrario, el presidente Macri, además de los 30 actos, tiene previsto anunciar 30 medidas a favor de los sectores más golpeados por los tarifazos, la devaluación, la pobreza, la estanflación y la asfixia impositiva.

Hoy mismo anticipó que se eliminarán los aportes patronales para las Pymes que tomen nuevos trabajadores. Todos pertenecen a la clase media, el sector más enojado, más desilusionado y que votó con bronca contra Macri. Hay 5 millones de argentinos que votaron a Macri en el 2015 y que no lo votaron en las PASO. Ese es el ciudadano que Macri quiere volver a entusiasmar.

El sábado les aseguró que finalizó la etapa del ajuste y ahora viene el crecimiento con inclusión. ¿Podrá lograrlo? ¿Podrá dar vuelta el resultado y pasar a la segunda vuelta que la carga el diablo?

Veremos. Ver para creer. Por ahora es difícil y tiene que trabajar mucho. Pero no es imposible. Esa palabra no figura en el diccionario de Juntos por el Cambio. Macri y su gente van por la hazaña. La única verdad será la realidad de las urnas del 27 de octubre a la noche. Esos votos responderán todas las preguntas…


martes, 1 de octubre de 2019

POLÉMICA POR LA REPOSICIÓN DE UNA LÁPIDA EN HOMENAJE A ARAMBURU

Así está hoy la casa de Timote donde estuvo secuestrado y fue asesinado Pedro Eugenio Aramburu

Por Pablo Morosi


Una inesperada polémica se suscitó en el pueblo bonaerense de Timote, a unos 480 kilómetros al oeste de la ciudad de Buenos Aires, cuando la delegación municipal del lugar decidió reponer una pieza de piedra conmemorativa del expresidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, en el frente de la propiedad en la que fue hallado muerto en 1970, después del secuestro y posterior asesinato ejecutado por Montoneros.

En la inscripción sobre un granito de 1000 kilos puede leerse: "Al recio militar que cayera víctima de la subversión en esta tierra de Timote. Su nombre ya es gloria en nuestra patria". La piedra se hallaba en un depósito municipal junto a otras placas que habían sido quitadas en mayo de 2008 cuando, por una iniciativa de un grupo de lugareños y con aval del Concejo Deliberante del partido de Carlos Tejedor, se reemplazó el nombre de Aramburu de la plaza principal del pueblo por el de Roberto Aldo Bordoy, un conscripto timotense que murió en el hundimiento del crucero General Belgrano, durante la guerra por las Islas Malvinas.

La decisión de instalar la lápida delante de la estanzuela La Celma, donde el cuerpo de Aramburu fue hallado oculto en un sótano bajo bolsas de cal, la tomó la delegada María del Carmen Carrizo sin consultas a vecinos ni acto oficial que anunciara la medida. La novedad trascendió la semana pasada a raíz de la publicación en la cuenta personal de Facebook de Esteban Molina, asesor legal del municipio. El intendente Raúl Alejandro Sala, de Cambiemos, aseguró no estar al tanto de la adopción de esa iniciativa.

Entre los cerca de 300 habitantes de la localidad hubo sorpresa, ya que la remoción de los reconocimientos hacia Aramburu se había hecho a partir de un proceso que incluyó la junta de unas 200 firmas y la aprobación por unanimidad del Concejo Deliberante de Carlos Tejedor (del que depende Timote). En aquel momento, el gobierno municipal de María Celia Gianini, del Frente para la Victoria, aclaraba que con el cambio de nombre no se buscaban enfrentamientos ni revanchas. Cuando se procedió al cambio de nombre, en mayo de 2008, también se retiraron todas las placas y ornamentos que se habían ido colocando con el tiempo.

"Nosotros no estábamos enterados ni nadie nos consultó. Nos sorprendió sobre todo porque se toma esta decisión inconsulta a poco de que se defina si el gobierno se va o se queda", dijo Bruno Rodríguez, uno de los pobladores que desde hace años intenta que las autoridades hagan algo para evitar la ruina de la casa, hoy prácticamente derruida. Para Rodríguez, que integra el grupo Arte Comunitario Timotense y dirigió en 2015 la película "La Celma", en la que se reconstruye la muerte de Aramburu, "el lugar debe ser puesto en valor integralmente como un espacio de memoria que ayude a entender la historia y valorar la democracia, y no hacer algo descontextualizado que solo reivindica la figura de un dictador". Y resaltó: "Seguiremos bregando para que los gobernantes pongan en valor este lugar de enorme significación para la historia del país".


La placa que despertó una polémica: un homenaje a Aramburu promovido a finales de los 70

La instalación de la piedra conmemorativa se produjo hace dos semanas con el aval del secretario de Gobierno, Santiago Macazaga, con el que también se acordó colocar un cartel para señalizar el sitio con su nombre original: "La Celma".

"Simplemente la delegada decidió colocar esa piedra ahí antes de que se rompa en el corralón. Quiero aclarar que yo no estaba enterado y que atrás de esta decisión no hay ninguna intencionalidad ni cosa rara sino solo buenas intenciones", explicó el intendente Sala.


En ruinas

De la vivienda hoy solo quedan en pie tres paredes de lo que era una de las habitaciones que daba a la calle y un mástil oxidado en medio de montículos de escombros. Así y todo, suelen llegar al lugar curiosos que quieren conocerlo.

Con el crimen de Aramburu (presidente entre 1955 y 1958), Timote se ganó un lugar en la historia nacional. El secuestro ocurrió 29 de mayo de 1970. Un grupo de Montoneros integrado, entre otros, por Carlos Ramus, Mario Eduardo Firmenic, Fernando Luis Abal Medina y Esther Norma Arrostito lo raptó en su casa y lo trasladó hasta La Celma, propiedad de la familia Ramus. Allí lo mató tras someterlo a un "juicio popular". En un artículo publicado el 3 de septiembre de 1974 en la revista "La Causa Peronista" la organización reivindicó el hecho y afirmó que acusaba al militar de perseguir a dirigentes y militantes peronistas, del dictado de decretos represivos y del ocultamiento del cadáver de Eva Perón. La "condena a muerte" fue ejecutada, según ese relato, la noche del 1° de junio de 1970.

Desde 1978 se fueron sucediendo en el lugar distintos actos conmemorativos. Entre otras cosas se impuso el nombre de Aramburu a la plaza del pueblo y, en ese contexto se había instalado en ese espacio público, la piedra ahora repuesta.

En marzo de 1980 el gobierno bonaerense, a cargo de el general Ibérico Saint Jean compró el inmueble con la idea de transformarlo en un museo de la subversión. La casa fue pintada a la cal y se instaló en su frente un mástil, aún en pie. Con el retorno de la democracia la idea del museo se desvaneció. Y la vivienda quedó abandonada y, librada a su suerte, fue víctima de intrusiones y saqueos.

En 2004, el municipio declaró a La Celma "patrimonio y sitio de interés cultural" del municipio. La ordenanza N° 1838/04 incluyó "el predio y la construcción edilicia" entre los bienes "de carácter irremplazable, cuya peculiaridad, unidad, rareza y/o antigüedad les confiere un valor excepcional, desde el punto de vista histórico, etnológico o antropológico".

Por esos años, un grupo de vecinos de Timote, acompañados por el entonces intendente Emilio Monzó, rescató la idea de recuperar la casa. Rarezas argentinas: la iniciativa recibió el apoyo tanto de parientes de los Ramus como de los Aramburu, y la indiferencia, el recelo o el abierto rechazo de parte de la dirigencia política en su conjunto fuera de las fronteras distritales.

En 2015, cuando la intendencia quedó en manos de Cambiemos se hizo una consulta a la Dirección Provincial de Museos y Preservación Patrimonial del Ministerio de Gestión Cultural, que en diciembre del año siguiente emitió un "informe técnico valorativo" en el que determinó la imposibilidad de reconstruir el edificio derrumbado y recomendó su declaratoria como "Ruina Histórica".


La Nacion

lunes, 30 de septiembre de 2019

DONALD TRUMP DEBE PARAPETARSE EN SUS MILLONES DE PARTIDARIOS PARA SALVAR A ESTADOS UNIDOS DE LA MAFIA SATÁNICO-GLOBALISTA

 
La mafia satánico-globalista quiere acabar con Trump por lo civil o lo criminal. Con ejemplar cinismo pretenden los demócratas destituir a Trump por un quítame allá esas pajas. 

El contenido tergiversado de una conversación telefónica de Trump con su homólogo ucraniano ha servido a la mafia globalista a las órdenes de Soros para justificar la activación del ‘impeachment’

Antes de Trump, Estados Unidos tuvo que convivir con presidentes que mintieron al Senado, que provocaron guerras para salvaguardar los intereses económicos de la élite, que ordenaron bombardear países como Libia para opacar escándalos sexuales, que promovieron golpes de estado y guerras civiles en países del continente, que crearon y armaron a grupos terroristas como el ISIS, que recibieron millonarios fondos de quienes aspiran a imponer el plan satánico de los globalistas… Ahora nos quieren hacer creer que Trump es el peor de todos ellos. Un peligro para el mundo.

Mal deben irle las cosas a la mafia globalista cuando deben precipitar tanto los acontecimientos para mantener su poderío. En las últimas semanas se ha forzado una coalición contranatura en Italia para echar a Salvini, se ha judicializado la vida política en el Reino Unido para impedir el brexit, se ha recurrido a una adolescente discapacitada para desatar el histerismo en Occidente en torno al cuento del cambio climático, se ha dado luz verde a la exhumación de Franco y ahora pretenden acabar con Trump al margen de las urnas., donde saben que su victoria es segura.

Será en esta crisis de adversidad, ganada a pulso desde que Roosvelt y sus acólitos se entregaron a la orgía de la fe en Stalin y el marxismo cultural, donde el viejo confederado reencuentre el pulso, el estilo y la ambición. Y malo será para todos si no da con el resorte vital que le permita recobrarse, porque se quiera o no, asesinado entre ideológicos de ambos lados del Atlántico, no será Europa -pequeño y disperso retrete multiculturalista- quien evite que América caiga en las fauces del nuevo orden.



Los norteamericanos que hicieron grande a esa nación deberán espabilar y ayudar a su presidente con la determinación de los viejos cow boys. Frente a este desafío sin precedentes, Trump debe parapetarse en sus millones de partidarios para salvar la democracia americana de la mafia satánico-globalista. Debe ordenar la detención de George Soros por conspirar contra el presidente y promover la ilegalización de todas las organizaciones de izquierdas del país. En juego, nada menos que la supervivencia de una civilización que no la hicieron los afroamericanos, ni los asiáticos, ni los LGTB, ni los llegados desde el sur de Río Grande, ni los lobbis sionistas. La América hecha a sí mismo en las antípodas de la ‘harlemizada’ sociedad progre norteamericana. El Mayflower de frente a la nave mundialista. El general Lee contra Malcolm X. El country frente al rap. Mark Twain versus Michael Moore. David Duke en pugna con George Soros. El Medio Oeste salpicado de iglesias en contraste con Wall Street salpicado de logias. La Cruz sureña en el anverso de la bandera del arco iris. La Biblia frente al vacío. Donald Trump plantando batalla al Mal.

Hace sólo un lustro, jamás hubiésemos podido imaginar que pudieran realizarse campañas de tal envergadura contra el presidente de los Estados Unidos de América. La mafia mediática de dentro y fuera de Estados Unidos no ha cejado en el empeño de desacreditar al hombre que rompió todos los pronósticos al convertir en realidad lo que se antojaba una quimera: arrebatarle la Presidencia del país más poderoso de la tierra a la candidata de las elites globalistas, que controlan más del 90 por ciento de los periódicos, cadenas radiales y canales televisivos en todo el mundo.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca tuvo en seguida un efecto inmediato sobre el sistema nervioso de las élites financieras, sus mariachis de Hollywood, sus oenegetas siempre ávidas de dinero y sus putas mediáticas a uno y otro lado del Atlántico.

Lo mejor que podemos destacar de Donald Trump es el mérito de tener tan rabiosamente en contra a tantos y tan grandes canallas. Que sus principales órdenes ejecutivas coincidan con lo que prometió a los electores durante la campaña, no parece haber conturbado la sensibilidad democrática de los que se erigen hoy en paladines de la libertad. Hasta en ese punto, Donald Trump está resultando ser un presidente radicalmente transgresor. Que un mandatario cumpla lo que promete a su pueblo está siendo demasiado turbador para un sistema donde las decisiones y los acuerdos se establecen casi siempre a espaldas de lo que ese mismo pueblo, y no las élites, haya elegido.

Los norteamericanos decentes están aún a tiempo de evitar terminar como los europeos. El progresismo se disfraza como ellos para destruirlos, de la misma manera que en ONGs, redes sociales y manifestaciones progres pueden encontrarse a mujeres islamistas haciéndose pasar por feministas, e incluso haciéndose pasar por católicas. La hembra del cuco pone sus huevos en el nido de la lechuza, pues al ser físicamente parecidos, la lechuza no se da cuenta y cree que son suyos propios y los encuba.


Donald Trump prometió a sus millones de votantes una América americana y no mundializada. Eso significa tener que tomar medidas que sirvan de muro de contención contra el progresismo destructor de los pueblos de raza blanca y también contra la corrupción política y científica. La ideología de Donald Trump está basada en el “nativismo”, que se caracteriza por defender los valores morales tradicionales de la sociedad norteamericana (allí conocidos como “familiy values”) y también por tener como patrón referencial la sociedad americana de los años 50 y 60 del pasado siglo, cuando EE.UU. era un país próspero y con una población de raza blanca abrumadoramente mayoritaria. La hercúlea tarea que Trump está llevando a cabo no consiste únicamente en enderezar el rumbo económico de su nación (los resultados económicos están siendo espectaculares), sino en destruir los perversos planes de las altas esferas para acabar con la América que retoza en cada iglesia, en el trabajo colectivo de cualquier comunidad rural, en el fuego del hogar que aglutina a las familias, en cada interpretación country, en la fuerza de la razón y también en la razón de la fuerza. La gigantesca tarea que Trump nos concierne a todos. Del resultado de su lucha contra los poderes mundialistas, promotores del ateísmo, el multiculturalismo, las ideologías de género y la disolución de las identidades nacionales, dependerá nuestro destino histórico. Por ello no hay tarea más importante que tengamos por delante que la de servir de contrapeso a la descomunal fuerza a la que nuestro héroe americano tiene ya que enfrentarse.

La envergadura de su proyecto antiglobalista es de tal calado que ya ha obligado a los poderes mundialistas y a sus tontos útiles a desprenderse de sus caretas y mostrarnos sus verdaderos rostros. Y ahí los tenemos, debidamente conjurados contra Trump y en contra de cualquier otra forma de vida que la que unos pocos nos proponen. Insistimos, a los enemigos de su proyecto, que es también el nuestro, mal les deben ir las cosas cuando tienen que forzar tanto las cosas y con tanto descaro.

Los medios del planeta están dando visibilidad a las voces detractoras contra Trump, pero no duden ustedes de la existencia de una mayoría silenciosa, en Estados Unidos fuertemente armada, que terminaría rompiendo la corrección política para que el caudal de su inmensa indignación anegue a sus causantes.

Los globalistas representados por los republicanos anti-Rusia, demócratas anti-Rusia con alianza de la CIA, FBI, NSA y medios de comunicación como CNN, New York Times y Washington Post están asustados por el declive del orden liberal impuesto a través de sus guerras y su sistema financiero especulativo. El mundo está girando hacia la tripolaridad para establecer un nuevo modelo económico con las directrices de China, Rusia y EE.UU.

Sin embargo, los globalistas están desesperados y uno de sus representantes el multimillonario y especulador, George Soros, buscó desestabilizar recientemente el gobierno de Donald Trump a través de la financiación de una protesta de 200 manifestantes. Las personas marcharon por el capitolio de EE.UU. hasta el pie del ala sur. En esa fecha, el Senado de EE.UU. estaba deliberando la confirmación del juez Brett Kavanaugh, como magistrado de la Corte Suprema, el máximo tribunal del país. Su elección resultó un duro golpe contra los globalistas-demócratas, ya que les restaría poder judicial para seguir su plan de derrocamiento contra Trump.

Asimismo, se llevó a cabo un segundo golpe que los globalistas querían dar a Trump para desestabilizar su gobierno. La táctica fue la financiación del desplazamiento de caravanas provenientes de Guatemala y Honduras, cuya intención fue desestabilizar las fronteras de EE.UU. en el momento de su llegada. No obstante, no se puede negar que dichos países latinoamericanos tienen altos índices de pobreza, criminalidad y falta de trabajo, por lo cual, sería lógico que se desplieguen miles de personas en búsqueda de nuevos horizontes prometedores. Sin embargo, ¿Cómo es que 14.000 personas caminando en terrenos montañosos durante tanto tiempo, en condiciones climáticas desfavorables pueden resistir todas las adversidades naturales teniendo en sus filas ancianos para cuidar y bebés en brazos? La respuesta es simple solo se debe seguir la ruta del dinero «La caravana estaba organizada por un grupo llamado Pueblo Sin Fronteras, pero el esfuerzo fue apoyado por la coalición CARA Family Detention Pro Bono Project que incluye a Catholic Legal Immigration Network (CLIN), el American Immigration Council (AIC), el Centro de Refugiados e Inmigración para Servicios Educativos y Legales (RICELS) y la Asociación Estadounidense de Abogados de Inmigración (AILA)». De acuerdo al sitio web estadounidense, World Net —WND, a Free Press for a Free People, tres de estos cuatro grupos están financiados por la Fundación Sociedad Abierta de George Soros”.
Es más, en una entrevista a USA Today, Trump dijo que «las personas de Oriente Medio» se encontraban entre los miles de migrantes en las caravanas, y mencionó también que había pandillas del MS-13 que estaban infiltrados dentro de los miles de inmigrantes. Asimismo, el presidente de Guatemala Jimmy Morales afirmó que en su administración se han capturado «cerca de 100 personas completamente ligadas a temas de terrorismo internacional, como el ISIS». Aunque dicha información solo ha sido manifestada por la prensa guatemalteca, se debe tener en consideración ese detalle, puesto que Soros también ha sido partícipe de las revoluciones de colores en Oriente Medio y que más tarde darían paso a la consolidación del ISIS.



La de Donald Trump es una lucha entre el Bien y el Mal

Finalmente, si vemos más allá de lo evidente, la caravana no tuvo la intención en definitiva de desestabilizar las elecciones intermedias del 6 de noviembre de 2018, dado que su objetivo final es golpear el gobierno de Trump, porque los globalistas se encuentran en una batalla infernal que quieren ganar a cualquier costo. Sin embargo, Trump tiene como intención y con ayuda de los grupos financieros que lo apoyan destruir el sistema petrodólar y reemplazarlo con el patrón oro/yuan-oro/criptomoneda, cualquiera de los tres patrones mencionados, además de reformar varias agencias de inteligencia como la CIA, FBI y la NSA que han secuestrado la política interna y externa de EE.UU. con alianza de los centros financieros de Wall Street y la City de Londres.

Históricamente, las falsedades han sido mucho más fecundas para la ciudadanía que las verdades. En esta hora definitiva, pedimos a los norteamericanos que apoyen a Trump frente a sus poderosos enemigos; que sigan viendo en Trump, hoy más que nunca, la gran «esperanza blanca» del Occidente cristiano contra el nuevo orden global, que nos está arrastrando al empobrecimiento y a la decadencia moral. La de Donald Trump ya no es una lucha ideológica entre demócratas y republicanos. Lo que está en juego es una lucha entre el Bien y el Mal, entre el patriotismo identitario y el globalismo satánico.


¡Dios bendiga a Donald Trump!


Alerta Digital

domingo, 29 de septiembre de 2019

LA ESCUELA AUSTRÍACA DE ECONOMÍA (6° PARTE)


La competencia es un proceso de descubrimiento y necesariamente, ese proceso de descubrimiento ha de ser dinámico, no estático. Caso contrario, no podría darse.

Por Gabriel Boragina ©

"Proposición 7: La competitividad en el mercado es un proceso de descubrimiento empresarial. Muchos economistas consideran la competencia como un estado de cosas (state of affairs). Sin embargo, el término “competencia” evoca una actividad. Si la competencia fuera un estado de cosas, el empresario no tendría ningún papel que jugar. Pero, puesto que la competencia es una actividad, el empresario tiene un gran rol que ocupar. En efecto, el empresario es el agente de cambio que empuja y arrastra los mercados hacia nuevas direcciones". [1]

Que haya economistas que consideren a la competencia como un estado de cosas indica que la imaginan como algo estático y externo a la actividad empresarial, y aun a la economía misma. Sin embargo, esta no es la realidad. La competencia es un proceso de descubrimiento como lo enseña Friedrich A. von Hayek y, necesariamente, ese proceso de descubrimiento ha de ser dinámico, no estático. Caso contrario, no podría darse. Y, adicionalmente, en un mundo dinámico es difícil -sino imposible- pensar las cosas como estáticas, ya que ni siquiera en el campo de las ciencias naturales sucede de dicho modo. Por lo demás, no hay que perder de vista que la competencia es un hecho natural que nace de la escasez. En un mundo de sobreabundancia no habría que competir por nada, porque todo estaría a disposición de todos en las cantidades suficientes. Pero, dado que dicho mundo no existe y las necesidades superan siempre los recursos disponibles la sociedad ha de competir por ellos.

"El empresario se mantiene alerta ante las oportunidades de ganancia mutua no reconocidas. Al reconocer oportunidades, el empresario puede obtener un beneficio. El proceso de mutuo aprendizaje a partir del descubrimiento de las ganancias que surgen del intercambio fomenta que el sistema logre una asignación más eficiente de los recursos". [2]

Entendemos que la palabra "mutua" apunta a la ganancia que las dos partes en la transacción obtienen del intercambio. En realidad, ninguna de las dos partes actúa con el objetivo de darle una ganancia a la otra, sino que -como ya advirtiera Adam Smith en 1776- todos actuamos con la mira puesta en nuestras propias ganancias y no en la de quienes negocian con nosotros. El móvil último de cualquier trato -sea dentro o fuera del mercado- es persistentemente este y no otro, por mucho que los socialistas quieran deformar la realidad e idealizar románticamente las cosas en otro sentido.

"El descubrimiento empresarial asegura que un mercado libre se mueve hacia el uso más eficiente de los recursos. Además, el atractivo por obtener beneficios arrastra a los empresarios a que constantemente busquen las innovaciones que permitan aumentar la capacidad productiva. Para el empresario que reconoce la oportunidad, las imperfecciones de hoy representan las ganancias de mañana [6]". [3]

Es decir, se optimizan los recursos del total de la sociedad. Como expresa F. v. Hayek la competencia es un proceso de descubrimiento. Y el objeto de ese descubrimiento son las diferentes oportunidades que, en el seno del mercado, se les brindan a los empresarios. La condición es -como perennemente se ha señalado- la libertad del mercado, porque de otra manera el mismo estaría condicionado a las oportunidades que agentes extra mercantiles podrían ofrecer y estos perpetuamente son externos al mercado. De hecho, es lo que ocurre en la mayoría de los países del mundo actual, donde las oportunidades que el mercado promete quedan ocultas bajo el manto que el intervencionismo estatal le otorga, encubriendo aquellas y dejando espacio únicamente a las "oportunidades" que pueda otorgar a discreción el poder de turno. O sea, la negación misma del mercado y de la competencia.

"El sistema de precios y la economía de mercado son instrumentos de aprendizaje que guían a los individuos a descubrir ganancias mutuas y a emplear eficientemente los recursos escasos". [4]

En un mundo donde no existe omnisciencia todo proceso es de aprendizaje y eso, desde luego, no podría excluir al sistema de precios y la economía de mercado. Por eso, los sistemas estatistas que pretenden dirigir la economía suponen en ellos la omnisciencia de la cual el mundo carece. Es lo que -nuevamente- el premio Nobel de economía, Friedrich A. von Hayek, denomina la fatal arrogancia, título de su grandioso último libro: la pretensión de los estatistas de saber todo lo necesario para gobernar la economía, lo que -en última instancia- implica regir la vida ajena al uso y conformidad del jerarca estatista. El proceso de mercado no es colectivamente deliberado, por lo que no es apto para ser planificado por una "mente central" desde el momento que dicho cerebro unificador no existe, y no podría existir excepto en el caso de que se quiera reconocer omnisciencia en los estatistas. Por cierto, estos presumen de ella. Basta escuchar sus discursos para percatarse de que ellos "lo saben todo" respecto de lo que "los demás necesitan".

"*Macroeconomía*. Proposición 8: El dinero no es neutral. El dinero es definido como el medio de intercambio comúnmente aceptado. Si la política gubernamental distorsiona la unidad monetaria, el intercambio también resulta distorsionado. Minimizar estas distorsiones debería ser el objetivo de toda política monetaria sensata". [5]

Muchos han sido los economistas que ha sostenido (y aun lo hacen) la neutralidad del dinero. Todavía pueden leerse y escucharse declaraciones en dicho sentido. Pero ello, siempre ha sido y sigue siendo una falacia, porque el dinero no es más que una mercancía como cualesquier otra, que se comercia en el mercado (como cualquiera otra mercancía) y que tiene un precio, que oscila de acuerdo a la ley de la oferta y de la demanda. Ni más ni menos que como los demás artículos que se compran en los supermercados y comercios de bienes. Por ese mismo motivo, de idéntica manera que los precios máximos y mínimos distorsionan lo precios de mercado y terminan haciéndolos inoperativos, el control monetario hace que el precio del dinero resulte distorsionando, y esto desconfigure por completo el precio final de los bienes y servicios que se intercambian en el mercado.


[1] Peter J. Boettke. *Hacia una Robusta Antropología de la Economía**La Economía Austriaca en 10 Principios* Instituto Acton Argentina. Trad: Mario Šilar.
[2] Boettke, P. ibidem
[3] Boettke, P. ibidem
[4] Boettke, P. ibidem
[5] Boettke, P. ibidem


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