martes, 22 de noviembre de 2011

Abominable historia revisionista


Fue tanto el amor y el respeto por la libertad, que cuando Sarmiento gobernaba, la prensa tuvo con él crueldades terribles.

Por Nélida Rebollo de Montes


* Inconcebible e injustificable justificación del Doctorado “Honoris Causa”, otorgado recientemente en la Universidad Nacional de San Juan a Osvaldo Bayer. El nombrado rehabilitó la condena a los héroes que lucharon por la libertad y la educación y fueron constructores de la Argentina contemporánea.


* Un factor particularmente sintomático fue la malevolencia reiterada en el agravio a Sarmiento, que ha causado desaprobación en los que poseen nobleza moral y conciencia histórica.


Sarmiento alzó frente a la política uniformadora, centralista y despótica del gobierno de Buenos Aires (Juan Manuel de Rosas) la imagen de la Argentina profunda, amante de la libertad y de la dignidad de la persona expuesta con energía moral y verdadero bálsamo para consolidar los cimientos de la nacionalidad amenazada por la decadencia cívica.


Leopoldo Lugones señala la excelencia de su libro “Recuerdos de Provincia” del cual dice: “Es el libro más sobrio y maduro, el mejor de Sarmiento literalmente hablando. “Facundo” y “Recuerdos de Provincia” son nuestra “Ilíada y Odisea”.

Tras el episodio protagonizado en San Juan por Osvaldo Bayer, escritor y apologista de la abominable historia revisionista ratifica que han instaurado en nuestro país un puñado de seudo revisionistas indocumentados.

Los dardos fueron esta vez contra Domingo Faustino Sarmiento quien levantó la bandera de la educación popular; la educación para todos con otros miembros de su generación, entre ellos, Juan Ignacio Gorriti, Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi. Juntos elaboraron su pensamiento en el destierro y se inspiraron en la doctrina democrática de Mayo. Entendía Esteban Echeverría que tras la Revolución de Mayo de 1810 éramos independientes pero no libres. Pensaban, asimismo, que se imponía la formación interna del país; el surgimiento de la nacionalidad; la reforma radical de las costumbres por medio de la educación.

Sarmiento publica en 1849 el libro “De la educación popular” el cual encierra una doctrina y una práctica de la educación del pueblo. Evidentemente su mensaje fue el de un Civilizador. No en vano, la sociedad cumple todos los años con la tradición de honrar la memoria de su ilustre comprovinciano que nos dejó una herencia de pensamiento y acción.

Este año los homenajes fueron varios, puesto que se cumplió el Bicentenario de su Nacimiento, el 15 de febrero de 1811. En algunos círculos se recordó la sesión especial dedicada a Sarmiento por la Academia Argentina en San Juan, el 15 y 16 de agosto de 1988 y el 11 de septiembre de 1993, en oportunidad de ser huéspedes los académicos del Dr. Prof. Leovino Eduardo Brizuela Aybar.

Vale recordar, que el Dr. Brizuela Aybar fue uno de los más sobresalientes decanos que ha tenido la Universidad Nacional de San Juan. Pues, realizó una actividad cultural intensa con la presencia de eminentes escritores, investigadores, intelectuales quienes desarrollaron diversas jornadas culturales con la proyección de los más excelsos literatos y sus obras. Esas eminencias reconocieron que Sarmiento sintió los latidos de su tierra y comprendió el alma de su ciudad natal de la cual recibió el impulso para su empresa de Civilizador. Fue San Juan donde gestó su constante lucha por la Nación organizada, una de sus grandes pasiones.

Su misión entonces fue hacer surgir de la realidad histórica, el orden y el alma de una civilización como imperativo de la urgencia de la hora. Sarmiento se sintió el vocero de la Revolución de Mayo de 1810 en la que imperó la generación de la libertad. Se propusieron desde el poder la transformación de la patria naciente, con leyes para vencer el atraso. Esa gran aspiración estaba profundamente enraizada en la realidad de su pueblo, pues conocía profundamente su tierra y su historia. De ahí que pudo abrir paso a la evolución respondiendo al llamado de la realidad que jamás dejó de reflejar en sus libros ni en sus campañas intelectuales, lo que le permitió enrolarse en su pasión por la verdad histórica de nuestra nacionalidad. Con el empuje que lo caracterizaba tuteló su iniciativa de continuar la empresa inicial de los hombres de Mayo y también el sueño civilizador de Bernardino Rivadavia, malogrado por la tiranía.

La visión de Sarmiento le dio el estímulo para construir una viva Nación Argentina donde imperara el orden, la sociedad, el Estado, contando con el esfuerzo de los proscriptos. Sarmiento y sus compañeros de lucha aportaron un sistema de instituciones apropiadas al estilo de nuestro pueblo para salvarlo del avasallamiento de la barbarie. La iniciativa de los proscriptos fue crear una comunidad orgánica, por el imperio de instituciones democráticas y leyes civilizadoras. Ese sueño lo cumplieron con el establecimiento de leyes e instituciones, verdaderos poderes morales, para el desenvolvimiento de una civilización nacional sin dejar de perfeccionar la naturaleza natural de nuestro pueblo que se asimilaría con los inmigrantes que llegaron para incorporarse al trabajo y al progreso moral y material de la República que acababa de constituirse.

El trabajo ímprobo y continuado en épocas de regresión o de paralización espiritual impuso la necesidad de continuar incansablemente con el ímpetu del otro civilizador que fue Juan Bautista Alberdi; y, fue, precísamente Sarmiento, el propulsor de la inmigración europea pues estaba de acuerdo con Alberdi de que Gobernar es Poblar.

Sarmiento convirtió sus ideas en hechos. Pero su gran pasión, que nadie ha podido disputarle fue la educación popular, la educación para todos. Su intensa y prolongada batalla pedagógica la inició en Chile, en el destierro. Fiel a la tradición de 1810 no reconoció otra soberanía que la del pueblo. Era consciente Sarmiento que al pueblo había que alejarlo de la montonera, capacitándolo para el ejercicio de las instituciones republicanas. Convirtió así el ideal democrático en un problema moral, un problema de educación.

Fue tanto el amor y el respeto por la libertad, que cuando Sarmiento gobernaba, la prensa tuvo con él crueldades terribles. Sus enemigos no entendían qué era civilizar. Pero Sarmiento desde el poder nunca se sintió mandatario para reprimir la prensa –como dijo Lugones-, pero sí se sintió periodista para contestarles. Es imposible demostrar de una manera más alta el respeto que sintió Sarmiento por la institución periodística independiente. Le angustiaba que la gente cayera en el error y por eso se dedicó a desenmascarar posturas políticas falsas desalentando las fuerzas que conducen a la mentira a través de la perversa astucia de los tiranos y sus seguidores.

El periodismo de Sarmiento exteriorizaba su actitud ante la vida; en la atención que prestaba a los problemas de su patria; en su valentía para salir al encuentro de la difamación que perseguía la finalidad de desacreditarlo ante sus propios compatriotas, no obstante su probidad ejemplar. De ahí que esgrimiera argumentos concebidos por su inteligencia, puesta siempre en acción, arremetiendo con su estilo comparable a un aluvión que no se detiene. Su estilo le da también identidad propia a su lenguaje, pleno también de ternura y desbordada emoción en sus páginas íntimas de evocación familiar o histórica en su bregar sin descanso por la Argentina y América. Esta es la calidad del hombre que fuera groseramente agraviado por don Osvaldo Bayer con manifiesta malevolencia.

Vale entonces reiterar que la Academia Argentina de Letras sesionó en Homenaje a Sarmiento en dos oportunidades en 1988 y en 1993 con la asistencia de todos sus académicos quienes visitaron su Casa Natal. Se trasladaron a Zonda para releer su frase célebre: “Las ideas no se degüellan”.

Han glorificado a Sarmiento infinidad de intelectuales, investigadores, escritores, entre ellos, Leopoldo Lugones, Miguel de Unamuno, Jorge Luis Borges; el estudio de su vida, sus escritos, libros, artículos periodísticos realizado por más de ochenta escritores cuidadosamente seleccionados, permitiendo esta conclusión: “Nadie es más típicamente argentino que Sarmiento; y nadie es más típicamente en nuestro país ni más humano ni más universal”.


Miembros de la Academia Argentina de Letras en un coloquio con la periodista invitada Profesora Nélida Rebollo de Montes, en el decanato de la Facultad de Filosofía Humanidades y Artes dependiente de la Universidad Nacional de San Juan con motivo de su visita a esta provincia
 

 
El académico Gastón Gori en diálogo con la periodista Profesora Nélida Rebollo de Montes



La periodista Profesora Nélida Rebollo de Montes durante un reportaje con el Dr. Carlos Alberto Ronchi March



El crítico literario Enrique Pezzoni, asistente al III Congreso Nacional de Literatura Argentina realizado en San Juan, en cordial entrevista con la periodista Profesora Nélida Rebollo de Montes
 
 

El Dr. Raúl Héctor Castagnino, presidente de la Academia Argentina de letras conversa con la periodista Profesora Nélida Rebollo de Montes
 
 

El decano de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes Prof. Leovino Eduardo Brizuela Aybar
 
 

El académico francés Dr. Paul Verdoye, autor de un libro sobre Sarmiento, comentando su obra a la periodista Profesora Nélida Rebollo de Montes
 
 

En oportunidad del III Congreso Nacional de Literatura Argentina realizado en la provincia de San Juan del 11 al 15 de septiembre de 1984, el escritor Jorge Luis Borges, tras su llegada a San Juan, en amable diálogo con la con periodista Profesora Nélida Rebollo de Montes. Reunión en la que la Universidad Nacional de San Juan lo distinguió con el doctorado “Honoris Causa”.
 
 
El prestigioso escritor argentino Jorge Luis Borges durante una entrevista con la periodista Profesora Nélida Rebollo de Montes en oportunidad de recibir un premio en San Juan
 
 

El poeta argentino Jorge Luis Borges en coloquio con la periodista Profesora Nélida Rebollo de Montes


Nélida Rebollo de Montes, Profesora y periodista, distinguida con el Premio Benefactora de la Cultura. Ingresó en la Academia Provincial de la Historia con el trabajo titulado “Mujeres de mayo y prácticas electorales de 1816”. Con el voto unánime ingresó a la Sociedad Argentina de Escritores, institución que la distinguió con la “Pluma de Oro”, con la “Faja de Honor” y el “Gran Premio de Honor”. Autora del libro “Nuestro Tiempo y Nuestras Razones”, que incluye artículos periodísticos, afrontando la difícil tarea del comentario sobre lo que considera más importante de la realidad. El libro figura en las Universidades de Yale; de Columbia y en el catálogo online de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos de Norteamérica. Esta información está en internet.
Su Ensayo “Rosalía de Castro. Antonio de la Torre : dos testimonios de la pasión poética” fue incluido en la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela (España); en la Biblioteca Pública de Nueva York y en la Universidad Stony Brook de Nueva York de Estados Unidos de Norteamérica. Fue galardonada, en 1986, con el premio internacional “Honoris Causa”, otorgado por la Acción Católica Argentina con sede en Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica. En el mismo año, la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA) la premió en el año internacional de la Paz. Fue elegida, en 1990, “Ciudadana Ilustre” por la Municipalidad de la Capital de San Juan; y, condecorada, en 1994, por el Diario la Razón como periodista destacada del interior del país. El Centro de Artistas Plásticos de San Juan la consagró, en el mismo año, “Benefactora del Arte”. Tres veces premiada, en 1997, 2001 y 2005, por ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina) y, en 1990, con el “Santa Clara de Asís”.
La Dra. Rebecca Ann Bill de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos), contratada por FORES (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia de la República Argentina) consultó como fuente de de información un artículo periodístico de la Profesora Nélida Rebollo de Montes (Argentina) titulado “La Suprema Corte de Justicia en la Presidencia de Mitre” y fue seleccionada conjuntamente con el Dr. Harold J. Berman (estadounidense) de la Universidad de Cambridge y profesor emérito de la Universidad de Harvard. De ambos autores la Dra. Bill utilizó datos para su obra de investigación: “Medición de la autonomía judicial. Juzgado Federal de primera instancia en lo penal de la República Argentina".

Más información http://www.politicaydesarrollo.com.ar/
Contacto: politicaydesarrollo@gmail.com

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