sábado, 18 de junio de 2016

A MI NO ME LA VAN A CONTAR


Por María Fernanda Viola

Corría el domingo 1 de diciembre de 1974, mi familia y yo (que por entonces tenía 5 años) salíamos de casa rumbo a lo de mis abuelos paternos, para almorzar juntos. Al llegar a destino, terroristas del ERP nos estaban esperando en tres vehículos de apoyo y abrieron fuego salvajemente. Mi padre, el Capitán Humberto Viola murió a los pocos segundos. Mi hermanita María cristina, de 3 años, fue bestialmente fue asesinada. Yo con heridas de bala, caí empapada en sangre. Sólo salió ilesa íntegramente mi madre, Maby Picón, la cual además estaba embarazada de cinco meses.

Cuando nos llevan al hospital de niños mi madre le mueve el pelo a mi hermana y le habían sacado la mitad de la cara. Yo estuve en coma 4 durante un mes: una bala del ERP me pegó en la cabeza del lado derecho. Me dejó con una discapacidad visual del 80%, las esquirlas dieron en el nervio óptico, tengo nueve operaciones hechas en la cabeza: me faltan dos huesos (el occipital y el parietal).

A pesar del drama que he transitado, ni yo ni lo que quedó de mi familia sentimos odio.

Somos conscientes de que la revancha permanente y una memoria sesgada o vengativa no nos conduce a ningún lado. Jamás vino el Estado para auxiliarme. Nunca los que agitan la bandera de los DDHH se me acercaron para ver si necesitaba algo. Yo como tantas víctimas del terrorismo subversivo hemos sido desaparecidos de la historia.

Pero ahora que tras tantos años de abandono aparece una iniciativa que pretende buscar la reconciliación entre los muertos y familiares de todos los sectores sociales e ideológicos que padecimos aquella guerra fraticida, me encuentro con políticos oportunistas oponiéndose a una reconciliación con la que yo sí estoy de acuerdo. Dicen que “La sociedad no necesita ‘reconciliación’”, como si no supiera que en la Argentina todos los medios de comunicación y analistas políticos de todos los signos ideológicos hablan de la enorme “grieta” enquistada y heredada en este país por el gobierno anterior, y yo que como víctima sí estoy de acuerdo con la reconciliación me pregunto: ¿qué autoridad moral tienen para oponerse a que los argentinos nos demos un abrazo?.

Y respecto a las organizaciones que dicen defender los DDHH y que jamás me vinieron a buscar ni a mí ni a ninguna víctima del terrorismo subversivo les pregunto: ¿acaso ustedes se arrogan tener el monopolio del dolor o la victimización?. Yo también fui víctima de aquellos violentos años, sufrí de un modo inenarrable y jamás lucré con ello ni levanté nunca la bandera del rencor.

El dolor no tiene ideologías.

Lo ocurrido en el pasado ha sido bastardeado para explotar las más bajas pasiones del ser humano. Se lucró con el dolor, se promovió el revanchismo y fue caldo de cultivo de políticos demagogos que sólo se ajustaron a un relato parcializado y que encima se niegan a buscar la concordia entre argentinos.

A mí no me la van a contar.

Yo sí sé lo que significa que te violen los derechos humanos. Yo sí sé lo que significa el dolor moral, físico y espiritual. Yo sí sé lo que significa además haber sido ignorada. Yo sí sé lo que implica ver que a los asesinos de tu familia los elogian e indemnizan como héroes pero además, yo sí sé lo que es buscar la superación y la reconciliación de lo sucedido. Soy consciente de que gente perteneciente a otros sectores también han padecido muertos o desaparecidos y les tiendo la mano para que construyamos un país juntos.

Es por ello, que apuesto a esta iniciativa de un monumento de reconciliación que nos incluya a todos y podamos de una vez por todas superar los enconos de un triste pasado que una minoría interesada se resiste en conservar.



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