martes, 27 de febrero de 2018

JUSTICIA SIN VENGANZA

Coincido con los numerosos editoriales de La Nación acerca de las vejaciones, horribles sevicias en varios casos, que padecen los presos -con y sin condena- por violaciones a los DD.HH. en los 70. 

Por Alberto Asseff

Como una buena parte del país, tengo la convicción de que podemos y debemos tener justicia sin venganza y memoria sin revancha. 

Empero, lastimosamente, desde la reapertura de los juicios impulsada por Néstor Kirchner hace casi quince años, priman la venganza y la revancha en detrimento de la justicia y la memoria. 

En 2014, pedí informes desde mi banca de diputado nacional para que el Ejecutivo comunique la situación de los presos, básicamente su estado de salud. 

Obra en mi poder la respuesta del Servicio Penitenciario enumerando uno a uno el cuadro de salud de los encartados. 

Aún hoy provoca literalmente horror los diagnósticos de patologías terminales deficientemente tratados, sobre todo a partir de la orden de que no se produzcan traslados a hospitales, sino que sean asistidos en los propios penales. 

Un país civilizado se caracteriza por tratar a sus enemigos humanitariamente y a sus presos del mismo modo. La lucha por los DD.HH. se deslegitima si trata con mortificación e inhumanamente a los presos precisamente enjuiciados por la violación de esos derechos. 

La ley del talión hace bastante tiempo que ha sido inhumada en la parte del planeta a la que supuestamente pertenecemos. 

Lo primero que debe hacerse es aplicar la prisión domiciliaria que establece el Código Procesal para los septuagenarios. Lo segundo, que la Justicia se honre a sí misma y asuma su genuina majestad: ser justa.

Alberto Asseff
Diputado nacional (M.C.)

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