jueves, 6 de octubre de 2016

THE DILEMMA´S DOCTOR

Por Omar López Mato
Médico y escritor

“El dilema del doctor” es una obra de teatro escrita por Bernard Shaw en 1906, en ella se plantean las dificultades en las elecciones de los médicos. En este caso, se trata de un notable profesional, que debe elegir a quien salvar con un novedoso tratamiento que acababa de descubrir. Las posibilidades eran limitadas, y el doctor llamado Redpenny, debe elegir entre una persona noble y generosa, pero de intelecto limitado, y un joven brillante e inteligente pero vanidoso y antipático.

Más allá de que Shaw esboza en este texto algunas ideas eugenistas que con el tiempo conducirían a los excesos raciales del nazismo, la obra apunta a un hecho incontrastable: la vida es elección y más cuando la toma de elecciones está basada en elementos profesionales y éticos sobre las que no siempre existen consensos, aunque muchos creen que los estudios académicos otorgan certeza… Efectivamente, le dan “aires” de certeza pero no dejan de ser controvertidos.

El que suscribe, para aquellos que no frecuentan esta columna, es médico oftalmólogo y cirujano con casi 40 años de ejercicio, que no tenía un interés muy particular en la política, más allá de algunos estudios históricos, hasta que en el año 2004 se hizo evidente que la “película” del kirchnerismo “ya la había visto”, y que sabía cómo terminaba.

Invitado por Humberto Bonanata empecé a escribir estos artículos pensando que la crisis del campo marcaría el final del kirchnerismo, pero éste subsistió gracias a la bonanza de la soja y las atroces mentiras que le permitieron proseguir con el distribucionismo prebendario. Esta gente creía que gobernar era mentir cómo en un partido de truco.

Tampoco creía, a mediados de 2015, que el macrismo podía ganar las elecciones y evidentemente la soberbia cristinista tampoco daba crédito a esta posibilidad. Como una arquitecta egipcia se creía inmortal y la vanidad la mató. Ahora la única esperanza que los obstina es el fracaso de este gobierno, al que han sembrado (y siembran) de problemas suficientes para dificultar su accionar.

Volviendo al tema planteado por Shaw y en los términos técnicos de mi profesión, a Macri le tiraron un muerto sobre la mesa de operaciones al que debe resucitar, aunque el anestesista no crea que se pueda. El resto del equipo no es muy colaborativo: el ayudante de quirófano es un residente novato, la instrumentadora no entienda la gravedad del caso, la enfermera de quirófano está de huelga y al camillero nadie lo pueda ubicar.

También faltan suturas, medicamentos y las gazas no están estériles… ¿Algo más? Sí. La familia del paciente es poco colaborativa, tiene expectativas poco realistas del caso y encima se le nota que es querellante.

Durante la cirugía, iluminada por una cialítica algo desvencijada y sucia, se descubre que el bazo está destrozado, el intestino perforado y un riñón está lacerado. El paciente ha sangrado profusamente y no hay suficiente sangre en hemoterapia para compensar el shock hipovolémico.

Pero hay que operar y los colegas no comprometidos en el caso, critican los detalles técnicos del procedimiento del cirujano que va actuando a su mejor saber y entender.

Habrá quien diga que las medidas económicas asumidas por este gobierno lo conviertan en “un kirchnerismo con buenos modales…” bueno, ya es algo, el ambiente de negocios mejora con los buenos modales.

Al cirujano en cuestión le quedan tres posibilidades.

· a) Dar al paciente por muerto y atenerse a las consecuencias (Mandar todo al diablo).

· b) Cederle la conducción al otro cirujano que, en este caso, llevó al paciente al estado tan delicado que todos conocemos (léase entregar el gobierno al peronismo).

· c) Seguir adelante con su plan, parando cada tanto a escuchar las opiniones de los colegas, que no siempre pueden ser acertadas ni bien intencionadas (que es lo que está haciendo).

El déficit fiscal se podía arreglar en una semana: se despedía a uno o dos millones de ñoquis y asunto arreglado. ¿¡A qué precio!?

Se trató de arreglar el costo energético de forma gradual, y “solo” se pidió un aumento del 400 %, y ¿qué pasó? Evidentemente la tolerancia no se encuentra entre las virtudes argentinas, cuando no va asociada a prepotencia gubernamental. Se tiende a confundir tolerancia con debilidad.

En este contexto solo cabe el gradualismo o como dice José Luis Espert (con tono crítico), “un kirchnerismo atenuado”. No resulta una frase muy feliz aunque sea en parte ilustrativa del nuevo curso de los acontecimientos.

Señores, el paciente está grave, estamos en la operación, y el cirujano no se va a ir aunque la familia amenace y la enfermera siga tomando mate y de brazos cruzados, y al camillero no haya forma de localizarlo.

Las medidas correctivas a veces no pueden ser drásticas. No podemos pasar de un régimen permisivo y fantasioso a una cruda realidad porque mal que mal, en este juego democrático hay un proceso de seducción. Y para hacer los cambios que deben hacerse se debe perdurar

El médico debe cautivar al paciente sin ofrecerle un jardín de rosas (aunque el final pueda solo ser una corona sobre su ataúd).

El argentino medio ha vivido por mucho tiempo un realismo mágico, y de a poco hay que sacarlo de Disneylandia.

No se pueden subir los impuestos. Esta semana el Indec reveló que la canasta básica ronda los $ 12.500, y con $ 25.000 ya hay que pagar ganancias. Eso debe cambiar.

De los últimos 150 años el Estado Nacional tuvo déficit fiscal ¡138 veces! Es decir, vivimos endeudados, somos como alcohólico con dependencia al vino. Nos encanta pedir plata prestada. Devolverla es otra cosa…

En los últimos cincuenta años el déficit fiscal promedio fue del 3.4 % (fuente Fausto Spotorno). Es una locura. Ahora ¿cómo se sale de esto? Por ahora, pidiendo prestado. Los K emitían, mentían los índices y hacían endeudamiento interno y otros chanchullos. Así no se puede seguir. Ahora hay que pedir plata afuera. Vamos a tener que endeudarnos. No queda otra. No tenemos la máquina de hacer billetes como el Tío Sam (que esperemos no sea el Tío Trump). Actualmente por cada 3 pesos de deuda pública, solo 1 va a inversión en infraestructura, el resto ¡es para pagar sueldos! Si se sigue en este camino, sabemos cómo se termina.

¿Cuál es la solución? Mientras que el mundo exporta casi el 30 % de lo que produce, las exportaciones argentinas son solo de 15 % del PBI. Esto no se resuelve como dice Massa, cortando las importaciones. El comercio mundial es de toma y daca. Eso sí, necesitamos una aduana que no sea la cueva de Ali Baba y los 40 ladrones.

La productividad argentina quedó estancada en los ’90 mientras que Chile triplicó su PBI. ¿Por qué? ¡Hay tantas respuestas para esto! Pero si debo elegir una, no lo dudo, es la inseguridad jurídica.

Nadie puede prometer al que venga a invertir que esta política será la que impere en 5 o 10 años, y no tengamos otro “neocomunismo” fallido como el cristinismo, o alguna de las laxas variables peronistas.

Al que venga a invertir no le podemos garantizar que podrá retirar ganancias, o que un juicio laboral no salga sistemáticamente a favor del asalariado. La inseguridad jurídica te mueve la mesa de operaciones constantemente y te hace muy difícil mantener el pulso.

¿Tenemos que ir hacia una concertación?

Siempre es mejor concertar que sufrir una oposición rubicunda como la tuvo Alfonsín, pero los temas que se deben discutir no son los paliativos, sino los mecanismos de fondo para disminuir la pobreza. Enseñemos a pescar y no a repartir el pescado que pescó otro... Aseguremos que se pueda pescar eliminando las fuerzas corruptas que distorsionan las leyes. Aseguremos que el mérito y el esfuerzo dan fruto y no solo ganan los caballos del comisario. Si la Iglesia quiere mediar, que haga hincapié en estos valores y no en la teoría del “pobrecito”, o repartiendo rosarios entre corruptos y estafadores que disfrazados de distribucionistas se llevaron la torta a su casa.

Dicen (y no sé si es un mito, pero me sirve de remate) que para el estreno de Doctor’s dilemma Shaw le envió una esquela participando a Winston Churchill. En ella él enviaba dos entradas para invitar a un amigo “en el supuesto caso de tener un amigo”, a lo que Churchill le escribió a Shaw agradeciendo la invitación y excusándose que no podía asistir a la primera función pero con gusto asistiría a la segunda, “en caso de haber otra función”.

Esperemos no quedarnos sin amigos ni funciones.

No hay comentarios: