domingo, 28 de abril de 2019

“LA NOVELA DE CRISTINA”

Dudo que la sección cultural de los diarios se anime a hacerlo. Pero el libro que acaba de publicar Cristina Kirchner debería ir en el rubro “ficción” pese a que se trata de un testimonio. Es una novela.

Por Alfredo Leuco

Marcelo Longobardi esta mañana en esta radio, dijo que “por su nivel de delirio y banalidad había superado todos los límites. Es un texto alucinante, digno de ser estudiado”. Por eso prefiero hablar de la novela de Cristina.

Un relato ficcional y mentiroso de todos los temas que la involucran. La falsedad fundacional está en el título: “Sinceramente, Cristina”. Es de un nivel de hipocresía pocas veces visto. De sincero no tiene nada. El actor Alfredo Casero, sin pelos en la lengua fue contundente y rebautizó el libro como “Sinceramente…chorra”.

Simultáneamente la realidad de la justicia le dio otra terrible noticia a Cristina. El juez Claudio Bonadío amplió su procesamiento y confirmó su pedido de prisión preventiva por 5 nuevos casos de coimas. Mas las 27 coimas comprobadas anteriormente ahora suman 32. ¿Escuchó bien?

El juez federal tiene probados 32 pagos concretos de coimas. Por eso también le amplió el embargo a 80 millones de pesos y los procesamientos de Roberto Baratta y Gerardo Ferreyra, entre otros. En los próximos días, el doctor Bonadío va a elevar a juicio oral la columna vertebral de este caso donde Cristina está acusada de ser la jefa de una asociación ilícita destinada a recaudar fondos ilegales.

En su decisión, el juez identifica a ella como la receptora de las coimas y se basa en testimonios de gente muy cercana a la ex presidenta: Claudio Uberti, Ernesto Clarens, Carolina Pochetti, Juan Manuel Campillo y José López. No son gorilas, agentes de la CIA ni extraterrestres. Los que declaran contra ella son gente que estuvo años a su lado.

Se confirma de esta manera el récord mundial de una ex presidenta que puede volver al poder y que tiene 11 procesamientos y 5 pedidos de prisión preventiva, uno de ellos confirmado por la Corte Suprema de Justicia.

Tanto en la resolución judicial como en la novela de Cristina aparece el nombre de Juan Carlos Relats, el fallecido dueño de los hoteles Panamericano de Capital y de Bariloche que le pagó alquileres estratosféricos a los Kirchner para regentear el hotel “Los Sauces”. Eran 50 mil dólares por mes y 6 millones de dólares en todo el período que Relats pagaba pese a que el hotel no arrojaba suficiente rentabilidad.

Por eso la conclusión fue que era una forma encubierta de devolverle coimas a la familia presidencial que les dio obras públicas por más de 1.100 millones de dólares que ellos facturaron con sobreprecios que pagamos todos los argentinos.

En otro párrafo, Cristina dice que el sicario Bonadío (así lo define) le dio ilegalmente documentación a Margarita Stolbizer para que denunciara a su hija Florencia. Le recuerdo que según el diccionario, “sicario” significa asesino a sueldo y que en una charla con Parrilli, Cristina le pidió que saliera a “Matar a Stolbizer, es una burra, mala e hija de puta”.

Stolbizer le contestó con ironía que burra puede ser, pero que jamás nadie le podrá decir “chorra”. En su novela, Cristina dice que fue sobreseída 3 veces en las acusaciones por enriquecimiento ilícito y cita especialmente la causa que llevó el ex juez Norberto Oyarbide que utilizó a los peritos de la Corte Suprema de Justicia.

Esa es su imaginación frondosa y negacionista. Porque la realidad la confesó su contador Víctor Manzanares bajo juramente y en el expediente. La realidad es que Néstor Kirchner lo convocó y le dijo que fuera a la SIDE a buscar al operador Javier Fernández y juntos fueran a ver en forma clandestina al juez Oyarbide.

Allí entre masitas secas y champagne, acordaron como Manzanares tenía que dibujar el patrimonio para justificar lo injustificable y que una perito iba a ratificar todo. Oyarbide fue destituido por corrupto, lloró frente a las cámaras porque dijo que le habían apretado el cogote y la perito María del Carmen Penedo fue desafectada de su cargo por la Corte Suprema. De todo esto, Cristina no dice nada.

En realidad el libro de 600 páginas que cuesta 600 pesos parece un sincericidio. Confiesa que no le quiso entregar la banda ni los atributos presidenciales a Mauricio Macri porque no le quería dar la foto de la “rendición” a los medios.

“Se me estrujaba el corazón de solo pensar en eso”, agrega la ex que puede llegar a ser la próxima jefa de estado. No tiene vergüenza en despreciar la ley y la Constitución. El traspaso de mando es un rito de la legalidad, un símbolo de la continuidad democrática y ella privó a la historia de eso para defender su narcisismo enajenado. La sabiduría popular acuñó un lema para estos casos: “Saber perder es la clave que ganar cualquiera sabe”.

En varios párrafos se victimiza como mujer y peronista. Dice que la acusan de ser yegua, puta, montonera y que las demás mujeres políticas como María Eugenia Vidal, por ejemplo son “buenas y puras”. Aquí las diferencias son notorias.

Cristina es una mega millonaria bulímica por el dinero y Vidal es una joven de clase media baja que ni siquiera tiene casa propia o auto. La mitad la perdió con su divorcio. Las diferencias son abismales. Cristina persiguió a los disidentes y a los periodistas independientes y Vidal persigue a las mafias y los corruptos.

No es por peronista que la persiguen a Cristina. La persiguen por ladrona y jefa de una asociación ilícita. Le digo más, Vidal se formó en la matriz del peronismo y de la iglesia, en la ayuda social en las villas y nadie duda de su honradez.

El exitoso estudio de abogados que Cristina describe, se cimentó sobre la base usurera de rematar las casas de la gente que no podía pagar sus cuotas por la nefasta ley 1050 de la dictadura. Ellos nunca defendieron un preso político ni presentaron un habeas corpus y bien entrada la democracia con Néstor como intendente y gobernador se negaron sistemáticamente a hacer algún acto sobre el tema derechos humanos.

Esto está muy probado en Santa Cruz. Pero en su novela Cristina dice que estuvo 17 días presa en Río Gallegos, dos meses antes del golpe de 1976, durante el gobierno peronista de Isabel. No hay un solo dato, un testimonio, ni un escrito que respalde esta afirmación. Por lo tanto es incomprobable que Cristina haya estado presa.

Todo lo contrario, parece un intento de pasar de cómplice por omisión a heroína por invención. Ella revela caprichos de infantilismo dogmático de Néstor como negarse a ir al Teatro Colón “para no pisar territorio de la oligarquía” y niega que Néstor haya sido amante de Miriam Quiroga con un planteo de gran autoestima por sus atractivos. Le dice a Carlos Zannini: “Mirá si va a buscar otra teniéndome a mí”.

Otra vez se comparó con Einstein. Cuando le avisaron que se había publicado que ella era bipolar, aseguró que la bipolar era su hermana pero que también lo eran personas muy inteligentes como Newton o Einstein.

No esquiva un tema muy delicado, cuando se refiere a las acusaciones de que Máximo era un tonto drogadicto. Asegura que los únicos vicios que tiene el príncipe heredero son el cigarrillo y la Coca Cola y que aquella internación de urgencia que obligó a usar el avión presidencial fue porque su hijo estaba a punto de padecer una septicemia generalizada producto de una herida en la rodilla.

A los productores agropecuarios que enfrentó los definió como “sojeros, machistas extremos y gorilas”, a Roberto Lavagna como un lobista de las empresas de servicios públicos y un ministro desleal que Néstor no echó antes porque ella le rogó que no lo hiciera.

Cristina también juró por sus hijos y nietos que Martín Lousteau le dijo “que la soja no le interesaba a los chacareros y que no iba a haber problemas con subirle las retenciones”.

Otro gesto soberbia que ella cuenta muy suelta de cuerpo, fue cuando le dijo al Papa Francisco que no había lugar en la argentina para él y para Néstor. Y que por eso nunca se vieron. Los elogios a Moyano son parte de la nueva coalición para no ir presos. Dice que el camionero nunca traicionó a los trabajadores y que no debieron pelearse tanto durante su gobierno.

Una Cristina de libro. No puede con su genio. Muestra la hilacha negadora y altanera y no puede explicar lo inexplicable de su fortuna y del robo del siglo que protagonizaron con su marido durante más de 20 años. Que le hace una mancha más a la tigresa del Calafate que ya tiene su novela. La novela de Cristina.


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