lunes, 30 de julio de 2018

EL NEOMARXISMO: PROGRAMADOS COMO SECTA

“Se modela de tal manera a los jóvenes que es imposible que éstos puedan cuestionar la ideología comunista aprehendida”


Reportaje a Hermann Tertsch

En una entrevista exclusiva que publica en su último número la nueva revista Naves en Llamas, el prestigioso periodista y escritor Hermann Tertsch realiza un extenso repaso de lo que, a lo largo del último siglo, ha supuesto el diseño, la expansión y la infiltración del marxismo cultural en las principales instituciones políticas, culturales y económicas de Occidente.

Tertsch explica cómo el nuevo comunismo ha tomado las principales universidades occidentales porque 
la infiltración viene de lejos”. En opinión del autor de “La acuarela”, “la educación media, en la mayor parte de los países occidentales, y sobre todo en un país como el nuestro, ha colapsado la política de transmisión de conocimientos y lo que se hace es, simple y llanamente, adoctrinamiento; las ciencias sociales son, del mismo modo, ciencias de adoctrinamiento neomarxista todas ellas, con poquísimas excepciones. Se modela de tal manera a los jóvenes que es prácticamente imposible que éstos puedan aprender cosas que pudieran desmentir o cuestionar la ideología comunista aprehendida, y por eso rechazan cualquier tipo de conocimiento o información o datos y lecturas que cuestionen o entren en conflicto con su pequeño mundo establecido. En este sentido, el neomarxismo funciona con los mecanismos de una programación de secta”.

Para Hermann Tertsch, lo que los nuevos marxistas desean es “movilizar a la gente a través de la bondad”, porque cuando se lucha a favor de “la bondad” todo lo demás, las leyes, por ejemplo, no importa. “Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona de extrema-izquierda, lo ha dicho muy claramente: ‘las leyes injustas, las ignoro’. Esta es la nueva forma de asaltar al Estado que han elegido los nuevos comunistas; ya no se trata de asaltar el Palacio de Invierno, se asaltan las instituciones después de haber creado, a través de la educación y de los medios de comunicación, una sociedad dócil, volcada en el sentimentalismo, sin pensamiento crítico, sin pensamiento libre y sin pensamiento individual, y siempre preocupada por militar al lado de los buenos y nunca formar parte de los ‘perversos’... Descarrilamos hace tiempo contra la razón y ahora, a través del neomarxismo, se están minando todas las defensas de la sociedad: los códigos de honor, la tradición, el reconocimiento de una historia exitosa... Se trata de un movimiento inmenso, de una maquinaria cultural abrumadora e implacable, a la que es muy difícil hacer frente, porque también es muy mal enemigo”.

A pesar de esta constatación, Hermann Tertsch reconoce que “hay focos de resistencia muy considerables frente al vendaval de los nuevos comunistas. Tenemos que tener en cuenta que la socialdemocracia como tal ha entrado en crisis, teniendo en cuenta que cuando hablamos de socialdemocracia no hablamos solamente de los partidos socialistas, hablamos de todo, hablamos del Sistema. Tan socialdemócrata es Angela Merkel como Mariano Rajoy. La socialdemocracia, el Sistema, se ha extendido hasta ocuparlo todo y, por ello, cuando surgen reacciones, generalmente a la derecha, se ponen muy nerviosos y sueltan todo tipo de iras”...

“Pero a pesar de su superioridad aplastante, no han logrado la dominación total. En este momento, por ejemplo, el Sistema, en Alemania, es más débil que hace cinco años. Y están países como Hungría, Polonia, Austria o la República Checa. Son países, en general, que han padecido el igualitarismo durante mucho tiempo y por eso tienen elementos de reacción que nosotros no tenemos. A nosotros, el totalitarismo socialdemócrata nos llega a través de la ‘democracia de partidos’, que es una falsa democracia, una ‘partitocracia’, esto es lo que tenemos. A través de los mecanismos de dominación de los partidos, éstos se han convertido en el Estado y, ciertamente, han conseguido un grado de control sobre la sociedad muy grande, pero no sin fisuras. De hecho, en España se intentó el cierre total del Sistema con José Luis Rodríguez Zapatero, cuando éste, a principios de este siglo, trabajó una alianza con la banda terrorista ETA y el tripartito catalán. Cerrar el Sistema consistía en liquidar la idea de España consiguiendo que los separatismos en alianza con la izquierda política crearan un nuevo régimen sobre la base del antifranquismo. Se trata de un régimen cerrado al que, por supuesto, muy rápida y deseosamente se incoporó Mariano Rajoy, tal y como estamos viendo perfectamente estos días”.


LaTribunadelPaísVasco



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