martes, 28 de julio de 2009

¡Democracia!... Cuantos errores se han cometido en tu nombre


Obviamente no es culpa de la democracia, sino de las falencias de una democracia imperfecta porque las instituciones directamente relacionadas con el sistema, no funcionan adecuadamente o directamente no funcionan.

Por el Dr. Alfredo Raúl Weinstabl

Un recientemente fallecido presidente argentino, en uno de sus primeros discursos expresó: “…con la democracia se come, se educa y se cura…”.

No pudo terminar su mandato presidencial y tuvo que abandonar el sillón de Rivadavia seis meses antes de terminar su período. Cada vez menos argentinos podían comer, educarse ni curarse.

Hoy estos tres aspectos en particular, entre otros “derechos constitucionales” y otras muchísimas demandas sociales cada vez más insatisfechas, va transcurriendo esta “pseudo democracia” llevando al país a un futuro cada vez más incierto.

Obviamente no es culpa de la democracia, sino de las falencias de una democracia imperfecta porque las instituciones directamente relacionadas con el sistema, no funcionan adecuadamente o directamente no funcionan.

Y cuando la democracia tiene esas características puede a dar lugar a situaciones absolutamente insólitas y diametralmente opuestas a lo que debe ser el verdadero espíritu de un sistema democrático.

En nombre de la democracia se han cometido tremendos errores. Esa palabra ha sido usada por los países comunistas y por regímenes totalitarios. Actualmente se la usa en la Cuba de Castro y en la Venezuela de Chavez y en algunas otras naciones de América. Detrás de esa palabra se escudan dictadores, déspotas y verdaderos delincuentes, que viven a costa de los pueblos en vez de servir a los pueblos.

Sirva lo expresado como una sucinta introducción a la situación que vive en este momento la hermana república de Honduras.

El depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, entra dentro de esta calificación.

Antiguo miembro de la oligarquía rural hondureña, fue elegido presidente como candidato del Partido Liberal, de centroderecha, con un programa de apoyo a la inversión extranjera, a la empresa privada y prometiendo una fuerte lucha contra la delincuencia.

Pero en la mitad de su gestión, cambió su postura de centro derecha por la izquierda, el socialismo del chavismo y el progresismo populista y revolucionario. También alineó a Honduras con el ALBA y sus decisiones políticas y económicas fueron fuertemente influenciadas por Chávez. Prácticamente el gobierno de Honduras se estaba convirtiendo en una dictadura chavista, dependiente de Venezuela y abandonando las practicas democráticas.

En violación flagrante de la Constitución, se disponía a llevar a cabo un referéndum para hacerse reelegir, pretensión que fue condenada por la Corte Suprema y la Fiscalía de la Nación, y por la que el Congreso hondureño había iniciado un proceso para destituirlo como jefe del Estado.

El “golpe de Estado” se produjo cuando Zelaya intentaba ignorar las decisiones de la Corte Suprema respaldadas mayoritariamente por el Congreso.

Se coloca golpe de Estado “encomillado”, porque si bien fue un golpe de Estado, tuvo connotaciones muy particulares y absolutamente inéditas.

Sabemos que en los gobiernos presidencialistas constitucionales existen tres poderes que funcionan como un mecanismo de control y de limitación mutuo, para que no existan abusos, ni transgresiones a las leyes y a la Constitución.

En este caso dos de los poderes, el Legislativo y el Judicial, consideraron que el desempeño de Zelaya no se ajustaba a las leyes ni a la Constitución, entre otras transgresiones al sistema democrático y ordenaron a las FF.AA. su remoción del cargo. Esta decisión fue apoyada por la Iglesia, numerosos factores del poder, de las fuerzas vivas de la sociedad y por una enorme mayoría de los hondureños.

Concretamente, la destitución de Zelaya no fue dispuesta por los militares. Estos fueron solamente el brazo ejecutor de lo dispuesto por los otros dos poderes.

Pero aún con estas características fue un golpe de Estado, ya que el procedimiento adecuado hubiera sido de alguna manera, poder juzgar a Zelaya y de ser declarado culpable, removerlo del cargo.

Pero en nuestras imperfectas democracias el juicio político a un presidente, es casi una utopía por las numerosas dificultadas y escollos a vencer para poder llevarlo a cabo.

Por otra parte en Honduras, su Constitución no prevé el juicio político.

Pero lo que llama poderosamente la atención, es la casi inmediata reacción de la Organización de Estados Americanos (OEA). Más aún ante un caso tan atípico.

Curiosamente los que lideraron la protesta continental en defensa de la ley y de la democracia, ¿? ¿? fueron Hugo Chávez de Venezuela, Daniel Ortega de Nicaragua, Evo Morales de Bolivia, Raúl Castro de Cuba y la infaltable Cristina de Kirchner de nuestro país.

¿Una casualidad o una real defensa del sistema democrático? Son precisamente los países en los cuales podría repetirse, salvando las distancias, situaciones parecidas a lo sucedido en Honduras. Países con gobiernos que han perdido totalmente la legitimidad de ejercicio y en donde la mayoría de la población está en contra de ellos. Países con gobiernos autoritarios, en donde el sistema democrático está gravemente vulnerado y en donde los mecanismos de remoción del primer mandatario son casi un imposible.

Un ejemplo lamentablemente, es el de nuestro país. El gobierno de Cristina de Kirchner ha demostrado su absoluta incapacidad para resolver los cada vez mayores conflictos y torpezas armadas por su marido en la gestión presidencial anterior y los que aparecen casi a diario, sumados a una descarada y escandalosa corrupción sin precedentes.

¿Cómo hacer entonces para remover a los delincuentes e incapaces si no existe algún mecanismo ágil para el juicio político?

En el pasado, en los gobiernos totalitarios se ha apelado al magnicidio. Obviamente son hoy, en el mundo en que vivimos, soluciones absolutamente inaceptables.

¿Pero alguien podría enjuiciar al coronel Claus von Stauffenberg por intentar asesinar a Hitler el 20 de julio de 1944 en la “Cueva del Lobo” en el este de Prusia Oriental? Recordemos que Hitler llegó al poder mediante elecciones democráticas. Von Stauffenberg es actualmente un hérooe en Alemania. ¿O aquellos que buscaban destituir de una manera u otra a Mussolini u otros dictadores que accedieron al poder democráticamente?

Inclusive en nuestra Carta Magna, en un artículo en una de sus partes, preve que lo que se debe hacer con el gobernante corrupto, pero no el como hacerlo. Es prácticamente imposible en un gobierno que tiene la suma del poder político.

Volviendo al caso de Honduras constituye casi una tragicomedia la forma en que la OEA condenó a Honduras. Los que tomaron la iniciativa de la condena fueron como ya se comentó, países que tienen muy poco de democráticos e impulsaron al Secretario General de la OEA, el chileno José Miguel Inzulza, a instrumentar la condena. Tibiamente se adhirió el “moderado” Brasil y otros países.

También sorprende la ligereza en la condena de EE. UU. Es evidente que no fue una decisión adecuadamente meditada, analizada y evaluada.

Esta ligereza y la apresurada condena de la OEA avivaron el conflicto y metió a Honduras en un callejón sin salida.

De mantenerse Zelaya en su postura de regresar al país y seguir con el actual circo que monta ya hace varios días en la frontera entre Nicaragua y su país, lo único que logra es soliviantar los ánimos de sus seguidores que podría desencadenar la violencia fraticida entre hondureños que probablemente traerá aparejado muchos víctimas y un triunfo expancionista en la política del dictador venezolano.

Este triste episodio demuestra que la OEA presidida por el socialista Inzulza, utiliza discrecionalmente el concepto de democracia: para algunos países si y para otros no tanto. También surje que a EE.UU., los problemas de Latinoamerica no le interesan ni les preocupan demasiado.

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