sábado, 6 de junio de 2009

Los números del país son elocuentes, debemos decidir si queremos ratificarlos o modificarlos

Es indudable que el Gobierno forzó el anticipo de las elecciones a sabiendas que en octubre el escenario sería decididamente peor al actual, seguramente eso será así, pese a ello ya se hace muy difícil disimular las dificultades que día a día empeoran la situación del país y, somete a los argentinos a un retroceso cada vez más complejo de detener.

Por Aldo Norberto Bonaveri

A menos de un mes de las elecciones de medio tiempo el clima político está agitado, tal situación no sorprende si tenemos en cuenta que el 28 de junio no se realizará una legislativa más; en la oportunidad lo que está en juego y las connotaciones son superiores, a lo que habitualmente ocurrió en circunstancias semejantes, al menos desde el retorno de la democracia. Es sabido que cualquier proceso electoral eleva los decibeles entre los candidatos; empero la particularidad que distingue a esta campaña; es el condimento adicional del conflicto no resuelto campo-gobierno, el que necesariamente es parte preponderante del debate, debiendo lamentarse que a la natural disputa de ideas y posiciones, se agregue un estado de intolerancia; donde la diatriba, la descalificación, los escraches, las injurias, ataques y demás artilugios de baja estofa, empañan lo que debería ser una contienda dura y sin concesiones, pero dentro de un marco civilizado.

Es evidente que los errores y excesos no son potestad de un sector o determinados actores, también es cierto que los grados de responsabilidad no son todos iguales, como en cualquier enturbiamiento de un diferendo, el nivel de compromiso siempre es mayor para aquel que ostenta cargos o representación.

Las planas de todos los medios han informado con detalles las agresiones que productores bonaerenses le propiciaron al gobernador Daniel Sioli en Lobería, de igual modo que sus semejantes santafecinos al diputado Agustín Rossi. Sin duda alguna hechos tan injustificables y censurables, como torpes y contraproducentes. Evidentemente esos grupos minoritarios que perpetraron las acometidas de huevazos, estiércol e insultos cometieron dos errores muy groseros; el primero, el embate en si y, el segundo, que con ficha acción han resultado funcionales a quienes eligieron denostar.

Ninguna persona medianamente informada puede desconocer los innumerables maltratos, la constante humillación, el desprecio y el despojo que los productores fueron objeto por los gobiernos K; pero ello no da derecho a este tipo de reacciones, que aunque suene paradójico son los desbordes que las huestes kirchneristas estaban ansiando que sucedieran, con el propósito de aprovecharlos para victimizarse. Ello ha quedado evidenciado con el tono de la réplica oficialista a través de los ministros más verborragicos; Aníbal Fernández se refirió a “4 tilingos”, pero nos se circunscribió a ese aspecto, imputó responsabilidades a la Sociedad Rural y, no contento con ello pretendió involucrar arbitrariamente a Francisco de Narváez, Felipe Solá, Mauricio Macri, y Julio César Cobos. Tampoco tuvo miramientos para Hugo Biolcati a quien catalogó de "pichón de golpista".

No obstante en el dislate más grande incurre el ex presidente y candidato ha diputado Néstor Kirchner, al acusar a los ruralistas de “cambiar los tanques por tractores”, con la clara intención de ubicar a la dirigencia agropecuaria en el rol de golpistas. Estos episodios tan lamentables como ingenuos, no hacen más que dar “letra”, que por más baladí e infundada que sea, no deja de hacer “ruido”, sobre todo en el populoso conurbano, donde precisamente se dan particularidades convergentes; es el punto donde menos se conoce el funcionamiento e historial agrario, donde existe el mayor clientelismo político y, el territorio donde el kirchnerismo juega todas sus fichas para evitar la derrota en la provincia de Buenos Aires.

Los productores y fundamentalmente algunos dirigentes “rápidos de boca”, deben comprender que ese escenario de confrontación es el más adverso a los intereses que pretenden defender y, por consiguiente el que mayor alivio le proporciona al oficialismo; en ese juego Kirchner se siente a sus anchas, pues con solo repasar sus comportamientos desde que llego a “la rosada” y hasta toparse con el conflicto agrario, su estilo combativo y fácil filípica sumado a un inusitado abuso de la chequera le rindió pingües réditos, sometiendo a empresarios, sindicalistas, gobernadores, intendentes, legisladores, etc.. Por el contrario, cuando los ruralistas caen en la celada de ingresar a ese terreno rayan el ridículo, tal como le sucedió a Alfredo de Angeli con el vulgar insulto proferido al presidente consorte.

En tal sentido la Mesa de Enlace ha estado a la altura de las circunstancias, repudiando los escraches y cualquier metodología violenta, lo que no significa expresaron, que los productores se priven de efectuar la protesta en forma pacifica; tractorazos, pancartas, globos negros y otros emblemas de la resistencia agraria. Quizás quien estuvo más acertado al definir la situación fue el líder de la FAA, Eduardo Buzzi, al sintetizar con justeza: "No podemos regalarles la posibilidad de que se transformen en víctimas", para rematar con otra frase de su propia factura: “Esto es funcional a Kirchner en su nueva figura de (mi pobre angelito)»

Si en las urnas el último domingo del corriente mes, se concreta la hipótesis que van insinuando las encuestas más confiables, el oficialismo perdería en la Cámara de Diputados la mayoría y el quórum propio, en tanto que las corrientes de oposición más firmes y, a su vez con mayor afinidad a los reclamos del campo incrementarían substancialmente sus bancas, puesto que los pronósticos indican que éstos no solo estarían capitalizando los escaños que resignaría el Frente para la Victoria, sino que sería muy pobre la cosecha de los bloques menores, que con frecuencia acompañaron las iniciativas del Gobierno. En el Senado, aún cuando la pérdida kirchnerista sería menor que en la cámara baja, todo hace prever que los encolumnados con Picheto experimentarán bajas en sus filas.

Claro está que la hora de la verdad será cuando concluya el comicio y, aún cuando los K han visto menguar substancialmente la consideración de la ciudadanía; el manejo arbitrario del poder, la cuantía de recursos propios y del Estado que disponen, las prácticas poco ortodoxas para lograr adhesiones, la constante manipulación de la realidad y el terror que se empeñan en instalar, son razones muy fuertes como para que la oposición mejore la calidad de sus propuestas y, en el caso del sometido interior, con el campo como blanco de todos los ataques, pero con nefastas consecuencias que castigan implacablemente a todos los sectores, de las provincias influenciadas por cualquiera de las explotaciones agropecuarias, en consecuencia, para cambiar el rumbo es fundamental que quienes se sienten agredidos y perjudicados no escatimen en participar, y a tal efecto nada mejor que brindarle un día a la democracia, actuando como fiscal de cualquiera de las listas intervinientes.

Los productores tradicionalmente escépticos e indiferentes de involucrarse en política, se les presenta la oportunidad inédita en los anales del país, de catapultar al Congreso de la Nación como mínimo a 8 pares directos y otros tantos directa o indirectamente afines al sector.

En la estrategia de Néstor Kirchner meter miedo figura como punto esencial de su cantinela; vociferar que un resultado adverso desestabilizaría el gobierno de Cristina es una falacia solo tendiente a generar incertidumbre, atentando deliberadamente contra la esencia de la democracia y, conjurando contra los medulares preceptos republicanos. En su afán de sembrar sospechas en la población, a la postre conspira en perjuicio de su propio gobierno, minimiza la capacidad intelectual de la sociedad y, condiciona el margen de maniobra de su esposa, para apelar al imprescindible diálogo tras un revés electoral.

Es indudable que el Gobierno forzó el anticipo de las elecciones a sabiendas que en octubre el escenario sería decididamente peor al actual, seguramente eso será así, pese a ello ya se hace muy difícil disimular las dificultades que día a día empeoran la situación del país y, somete a los argentinos a un retroceso cada vez más complejo de detener.

Caída ostensible de la actividad industrial y comercial, creciente pérdida de puestos de trabajo, ruptura de la cadena de pagos, crédito caro e inexistente, fuga de capitales que no se detiene y fracaso por igual, en la pretendida política de control de precios, como de los planes de distinta naturaleza (autos, calefones, etc.) anunciados ampulosamente por la presidenta, son fotografías elocuentes de las consecuencias de errores e improvisaciones acumulados.

El absurdo enfrentamiento con el campo constituyo el principal detonante para pasar de un momento promisorio a la desesperanza. El hostigamiento al sector agropecuario y, la carencia de políticas en torno a la columna vertebral de la economía nacional nos deja un saldo no sólo negativo, sino increíble. De las evaluaciones de los distintos indicadores, se deduce que este año, producto de los desaciertos oficiales, más la gran sequía que afectó gran parte del territorio nacional, los ingresos de divisas caerán en u$s 18.000.000.000 respecto el 2008, lo que en ciernes le significa al Estado nacional reducir su recaudación en concepto de derechos de exportación por la friolera de u$s 5.000.0000.000.

Solamente en soja, el presupuesto nacional fue confeccionado estimando ingresos por u$s 22.000.000.000, cuando en definitiva se recaudará escasamente el 50% de esa cifra por tal concepto. Esa no es la única desventura para el fisco, no solo baja drásticamente la recaudación por las retenciones, sino que debe contemplarse que en la misma proporción cae la percepción de IVA, impuesto al cheque e ingresos brutos. La explicación de tan abrupto derrumbe radica en la considerable reducción de volumen cosechado, en gran parte por las adversidades climáticas, pero también producto de la menor superficie de siembra en maíz y trigo y, de la menor utilización generalizada de tecnología.

Cualquier lectura de la coyuntura es elocuente de lo que se hizo mal o directamente no se hizo, no obstante ello no es lo peor. Con vistas al futuro las cosas se presumen mucho más preocupantes aún. En trigo con la incertidumbre de si en la próxima cosecha podremos llegar al autoabastecimiento, cuando dos años atrás alcanzábamos esa meta con el 30% de la producción. En lechería con tambos que se cierran diariamente y valores que distan de cubrir sus costos, pese a que los precios en góndola se equiparan a los vigentes de antes de la debacle internacional y, en ganadería con datos irreversibles; para el 2011 debemos optar por reducir el 30% el consumo interno o en su defecto convertirnos en importador. Al respecto no es necesario recurrir a interpretaciones complejas; este año nacieron 3.000.000 menos de terneros, lo que sumado a la incontenible faena de hembras, nos conducirá a que el próximo años cerraremos el ejercicio con un stock de 48 a 49.000.000 de cabezas, en contraposición a los 55.000.000 del rodeo del 2008.

Los números del país son elocuentes, el 28 de Junio debemos decidir si queremos ratificarlos o modificarlos.

Pregón Agropecuario

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